27 ago. 2012

La biotecnología, clave para asegurar la alimentación futura

Uno de los mayores desafíos de la era moderna es poder a largo plazo alimentar a una población mundial en constante crecimiento.  Para ello deberían incrementarse significativamente los rendimientos de la producción agraria mundial, las nuevas tecnologías y los modernos procesos de selección pueden desempeñar un importante papel en la superación de estos retos.

La escasez del suelo y de alimentos será cada vez mayor. En el año 2025 cada hectárea de tierra cultivable deberá alimentar a cinco personas, cuando en 1960 alimentaba solamente a dos.

Las consecuencias del cambio climático afectan a los agricultores de todo el mundo y un calentamiento medio global de algunos grados puede desencadenar graves fenómenos atmosféricos. Puede verse como las heladas, el granizo, las olas de calor o la repentina ingestación por una plaga destrozan  de la noche a la mañana la cosecha de un año.  Sumando las sequías y las inundaciones, la elevación del nivel del mar y la salinización correspondiente de las aguas subterráneas, se entenderá por qué en algunas partes del mundo, y pese a realizar la mejor labora agrícola posible, los agricultores pierden a veces entre el 30 y el 70 por ciento de sus cosechas.

La ONU pronostica que la población mundial pasará de los 6.700 millones de habitantes actuales a más de 9.000 millones en el 2050. Además, el aumento del nivel de vida hace que crezca el consumo de carne, lo que conlleva un incremento en la cantidad de cereales destinados a piensos y, por lo tanto no disponibles directamente para la alimentación humana.

El aumento de la demanda de maíz y otros cereales para la producción de piensos modificará decisivamente el uso de las superficies de cultivo; además, los cultivos también pueden contribuir de forma importante a cubrir las necesidades de energía, en constante aumento.
En el ámbito científico, y también en la prensa, se debate sobre el modo de evitar ls problemas de abastecimiento alimentario derivados del uso de cultivos para la producción de biocombustibles en lugar de alimentos.

La producción de alimentos puede aumentarse incrementando la superficie cultivable total o bien el rendimiento por hectárea. La primera opción plantea dificultades, porque el potencial de nuevas tierras cultivables es muy limitado en todo el mundo; más aún, en muchos países la superficie disponible para el cultivo está disminuyendo por la escasez de agua, la erosión del suelo y la desertización, problemas que serán agravados debido al cambio climático.

La modificación del clima provocará cambios significativos en la agricultura mundial si no se desarrollan nuevas variedades de cereales tolerantes al calor y a la sequía, así como sistemas de regadío más eficientes.

¿Cómo producir más alimentos con menos superficie cultivable, y en condiciones ambientales cada vez más difíciles, a fin de responder al crecimiento de la demanda? Es notorio que se necesita urgentemente un nuevo aumento de la productividad de los cultivos. En la década del 60, la llamada “revolución verde” incrementó notablemente la producción gracias a la selección de nuevas variedades de trigo y arroz de alto rendimiento, el aumento de la mecanización y a las mejoras en el control de plagas y fertilización de los suelos.

Hoy es considerada urgente una segunda revolución verde, para mejorar la cantidad y calidad de los cultivos de modo duradero utilizando la menor cantidad de agua, fertilizantes y productos fitosanitarios.

Muchos especialistas en plantas creen que el empleo de la moderna biotecnología con las plantas de cultivo, con métodos de selección molecular e ingeniería genética, puede contribuir decisivamente a esos objetivos.

Actualmente los principales cultivos comerciales modificados genéticamente se seleccionan para que sean resistentes a los herbicidas o a los insectos, pero el uso de la ingeniería genética para mejorar las plantas de cultivo ofrece posibilidades muy amplias. A corto plazo será posible mejorar la resistencia a hongos y virus patógenos de diversas especies de plantas. A más largo plazo podrían mejorarse la fijación de nitrógeno y el rendimiento de la fotosíntesis.

Uno de los mayores riesgos para la agricultura es la escasez de agua, que supone la causa mas frecuente de falta de alimentos en los paises en vías de desarrollo. Los expertos en selección vegetal aplican métodos convencionales para desarrollar plantas más resistentes a condiciones ambientales adversas: cruzan las variedades y seleccionan los descendientes según su capacidad. Pero este sistema no basta: la biotecnología vegetal ofrece, con diferencia, el mayor potencial de mejoras futuras. Permite identificar genes importantes implicados en el aprovechamiento del agua y la tolerancia a la sequía y modificar uno o varios de esos genes para obtener los rasgos deseados.

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