4 dic. 2013

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FITOMEDICINA EN LATINOAMÉRICA - PARTE II

El chamanismo en los grupos poblacionales de la Argentina y los países limítrofes: 

 

Dentro del ámbito correspondiente al actual territorio argentino, hay evidencias de prácticas chamánicas en lo indios guaraníes, matacos, charrúas, diaguitas-calchaquíes, lules, makás, vilelas, guaikurúes (tobas, mocovíes, y abipones), caingang, puelches, onas y yaghanes. 
 También es importante destacar la influencia directa de los incas en el noroeste argentino. Hacia 1480, cuando éstos llegan a la región, establecen una serie de pactos y alianzas con los nativos de la zona de Tucma, ubicada al sur de la actual provincia del Tucumán, a efectos de establecer una ruta cultural conocida como "el camino del inca". Por ello no es casualidad que los españoles encontraron en ese territorio los núcleos poblacionales más desarrollados, en clara alusión a la influencia incaica. Sin embargo, el aniquilamiento de la cultura incaica en manos españolas, interrumpió esta vía cultural. Al quedar aislado por su lejanía del epicentro peruano, la población nativa del noroeste argentino pudo desarrollar sistemas autóctonos de diagnóstico y tratamiento de enfermedades. 
 De esta manera, los grupos nativos del noroeste argentino adoptaron i
nterpretaciones diagnósticas tales como la concepción del cuerpo extraño, la teoría de emanación o efluvios, la pérdida del ánimo, la ruptura de tabúes, el mal de ojo, etc.

 Dentro de la concepción del "cuerpo extraño", forman parte elementos diversos tales como, piedras, troncos, rayos, huesos, etc. En su génesis intervendría la voluntad de alguien que quiere proferir un daño a su semejante. Únicamente el chamán podrá contrarrestar este conjuro. La "teoría de a emanación" se refiere a diversos efluvios, en general vientos que ronronean los cerros al anochecer, y que son responsables de desgracias. Es común en los nativos indicar que no acudan a determinados sitios ya que allí hay "mal aire". 
 En lo que respecta a la teoría de "pérdida del ánimo", la misma está referida al deterioro de la fuerza vital del individuo, determinada por "susto", "embrujamiento", "mal despertar", etc. 
  De esta manera las fuertes impresiones harían salir el alma del cuerpo (desánimo). Por lo general, son los niños quienes más frecuentemente padecen de "susto"  el cual se caracteriza por crisis de llanto, astenia general, náuseas, vómitos o diarreas, rechazo a la leche, cefalea, hundimiento del apéndice xifoides (lo que denominan "caída de la paletilla"), etc. 
 En cuanto al "mal de ojo", se trataría de una concepción de origen oriental, aprendida por los españoles de los árabes y adaptada al folklore local. Es importante señalar que esta misma concepción de enfermedad existe también en nativos pertenecientes a zonas tan lejanas como Asia, África y Europa. Se trata de un padecimiento sufrido en su mayoría por niños, determinado por la mirada penetrante de una persona. Se observa en las criaturas atacadas una abertura  o persistencia de las fontanelas, llanto y rigidez de nuca, lo cual lo hace confundible con un cuadro meníngeo. La curación es a través de untar la frente del cuchillo con aceite y agua haciendo la señal de la cruz y rezar el credo durante tres días. 
Para reforzar la curación se atan elementos de color rojo, ya sean pulseras, vinchas o gorros sobre la frente del afectado. 
 Llama la atención que el color rojo está asociado a la idea de curación por parte de muchas culturas. Los chinos dicen  "espantar los espíritus con ese color". Los japoneses lo utilizaban para curar la viruela. Los médicos de la corte inglesa habían curado al hijo del rey Eduardo con envolturas de color rojo. En el Hospital de Charité de París se colocaban gorros rojos a quienes padecían de insomnio. En las campiñas francesas, las madres solían atar cintas rojas en los cuellos de sus niños, para evitar las enfermedades de garganta. En los nativos argentinos, el rojo es una constante en la confección de ponchos, mantas o en la elaboración de cerámicas. Lo utilizan además, para tratar cefaleas, colocando un gorro de ese color sobre la cabeza del enfermo. Por ello no llama la atención que se elijan cintas rojas en aquellos que están realizando campañas de lucha contra el sida. 

 La antigüedad del hombre en el noroeste argentino se estima en 30 mil años, lo cual se basa en restos de fogones y utensilios de piedra que datan de esa fecha. Hacia mediados del siglo XVI se calcula que la población de esta región orillaba los 215 mil habitantes. De acuerdo con el noroeste argentino, varios grupos: apatamas, omaguacas, ocloyas, diaguitas-calchaquíes, huarpes, lules y tonocotés.
 Sin lugar a dudas, la población diaguita-calchaquí, fue la que mayor evolución tuvo respecto a cualquier otro grupo nativo. Habitaron las provincias de Jujuy (sur), Salta (centro), mitad de San Juan, mitad oeste de Tucumán, Catamarca y La Rioja. Poseían gran estatura, se alimentaban de maíz, porotos, zapallos y frutas silvestres. De la llama, el guanaco y la vicuña obtenían carne, cuero y lana. Dentro de las prácticas chamánicas que profesaban, era importante la imposición de manos. A tal fin posaban sus manos sobre las zonas enfermas y hacían la señal de la cruz (adoptado de las prácticas europeas) para poder expulsar los espíritus responsables del mal. 
 Practicaron la antropofagia como metodología ritual: la víctima al ser ingerida transfería sus virtudes dentro del cuerpo. También practicaban la opoterapia, que consistía en la ingesta de vísceras animales que reforzaban, dentro de su creencia, los órganos que estaban funcionando mal dentro de sus cuerpos. Por ejemplo, comían el riñón del guanaco si existía un trastorno urinario. 
 Para tratar el reumatismo preconizaron el uso de la ortiga junto al de las hormigas a efectos de obtener una urticación en la zona dolorida que mitigara el dolor. En cuanto a otras prácticas, existía el ceremonial del rejuvenecimiento para lo cual colocaban objetos pertenecientes a la persona que se quería rejuvenecer junto al tronco de una planta. De esta manera la suerte de la planta quedaba ligada a la suerte de la persona. 
 Sin embargo, no todo era superstición y simbolismo en los indios sudamericanos. La observación y el método intuitivo se conjugaban al momento de elegir el tratamiento adecuado. El mismo Hernán Cortés, en el año 1522, solicita a la corte de España que no envíen más médicos al nuevo mundo, ya que con los naturales del lugar era suficiente (luego de haber sido curado de una infección por los médicos aztecas). 
 Lo mismo ocurrió con Pedro de Mendoza, quien padecía sífilis y fue tratado por el cacique Boiapén quien le indicó infusiones con flores corteza de zarzamora (a diferencia del simple "cambio de aire" que le habían recomendado los médicos españoles). Cabe también destacar lo acontecido con la llegada del conquistador Diego Rojas al territorio del noroeste argentino. En esa oportunidad es recibido por el curandero Canamico quien acude al encuentro llevado en andas por dos nativos ya que le habían amputado una pierna hace tiempo, lo cual evidencia los conocimientos de cirugía que estos indios poseían. 

 Con el correr del tiempo las relaciones entre españoles e indígenas se deterioró y se generaron algunas batallas territoriales. En una de ellas es herido con una flecha en el muslo Diego Rojas. La herida era leve, al punto que Rojas decide no recibir curaciones. Con el correr de los días, el conquistador comienza a sentir fuertes dolores generalizados, fiebre, decaimiento general y un cuadro neurológico que termina acabando con su vida. De esta manera se dieron cuenta los españoles que la flecha estaba envenenada y no conocían cual era la sustancia empleada. 
 Con las sucesivas batallas que acontecieron, cada vez eran más los españoles que sucumbían bajo el poderoso veneno de las flechas, al punto de cundir el pánico entre los propios soldados. A sabiendas de la situación, los caciques dan órdenes a sus dirigidos de dejarse matar antes que revelar cual era el veneno. Fue así que la posición española se debilitó en el lugar y antes de abandonarlo decidieron tejer un ardid. Lograron obtener una flecha sin veneno y se la clavaron a un indio que estaba prisionero. 
 Esa misma noche,  en un "descuido" permitieron que el nativo pudiera escapar. Sigilosamente fue perseguido sin que aquel se diera cuenta. Al llegar a la vera de un río, observaron que el indio recogía un puñado de hierbas que machacaba para obtener el zumo del cual procedió ingerir raudamente a la vez que colocó unas cuantas sobre el lugar donde le habían clavado la flecha. De esta manera, los españoles encontraron el famoso antídoto: la planta era la contrayerba (Dorstenia brasiliensis L.) y por fortuna para ellos pudieron triunfar en las siguientes batallas. 

 Los grupos nativos del noroeste argentino creían en que los hechos más importantes que hacen a la vida humana (nacimiento, iniciación sexual, muerte, etc.) debían estar vinculados con fuerzas provenientes de la naturaleza y a fuerzas celestiales que regirían el mundo de la salud y la enfermedad. De aquí que surgieran los cultos a la Pachamama, una deidad aymará femenina que representa a la "madre tierra" ya que de ella dependerán las cosechas y la provisión de plantas medicinales.Por tal motivos son comunes las ofrendas, basadas en alimentos, hierbas, fetos o sangre de guanaco (lo que se conoce como corpachada o alimento para la tierra), en especies de templetes fabricados con montículos de piedra, denominados apachetas. 
 Otras deidades importantes desde el punto de vista ritual eran Yastay y Coquena, dioses protectores de las aves y animales terrestres como el guanaco, llama o vicuñas. Pujllay es el dios del carnaval, del cual depende la alegría de esas fiestas. Al terminar las celebraciones, se arrojan frutas a su tumba para rogar que el año sea propicio. El Zapam-Zucum es una deidad protectora de los niños, a los cuales protege en caso de extravíos o ataques de animales. 
 Respecto a otros grupos nativos, un hecho que llama la atención pertenece al legado de la cultura guaraní, entre los que se encuentran tobas, movovíes, abipones, pilajaes, matacos, y charrúas. Tuvieron una cultura de tipo neolítico, cosechaban mandioca, zapallo, batata y maíz. Los guaikurúes por ejemplo, comían langostas y eran grandes consumidores de miel. Conservaban los productos de la pesca a través del ahumado. De familia monogámica, aunque los jefes eran polígamos, creían en un ser supremo creador del mundo al cual adoraban. 
 Los matacos comprendían una familia lingüística integrada además por mataguayos, cholotes y churupíes que ocupaban gran parte del Chaco actual. Creían en un ser supremo y en es`´iritus derivados de los fenómenos climáticos: lluvia, crecientes, etc. Se pintaban sobretodo de pigmentos extraídos de la planta del urucum (Bixa orellana) tanto para sus ceremonias como para protegerse de los insectos. Practicaban la antropofagia con sentido ritual (lo que los diferencia de los caníbales). 
 Comían sus alimentos bien cocidos y prescindían de las frutas demasiado verdes o demasiado maduras. No bebían mientras comían y se aseaban antes de cada comida. En las horas libres degustaban de la yerba mate y el guaraná. A los enfermos les daban agua como único alimento. Eran vegetarianos, y sólo comían carne proveniente de pescados. 
 Sin embargo,  existían modalidades "tramposas" en el arte de curar de algunos chamanes guaraníes. Varias citas señalan como una de las modalidades de curación el hecho de succionar la sangre del enfermo sobre la parte dolorida y, luego de unos cuantos minutos, escupía algún gusano o piedra que previamente había sabido esconder en su boca. El acto seguía con la abstinencia o ayuno a determinadas comidas, lo cual era obligatorio también para sus parientes más cercanos. En caso de morir el paciente, la culpa se achacaba en este incumplimiento. 
 Pero los principios cabales de este pueblo se pueden resumir en siete conceptos básicos, tal como relató el Dr. Moisés Santiago Bertoni, antropólogo suizo que residió hasta su muerte en Paraguay y que dedicó su vida al estudio de las poblaciones indígenas y selváticas de ese país: 
1) Existencia de un Dios Supremo único (como la doctrina cristiana). 

2) Dios es un puro espíritu siempre invisible (tal como figura en escritos egipcios).

3) Dios es la causa de todo, tanto lo malo como lo bueno.

4) Hay semidioses que carecen del poder creador, pero tienen poder sobrenatural.

5) El alma es inmortal (doctrina cristiana). 

6) El espíritu de los difuntos permanece por un tiempo en su anterior morada, durante la cual tiene las mismas necesidades que en esta vida, manteniendo gran poder sobre los vivos (doctrina egipcia). 

7) Cada ser viviente está bajo el amparo de un genio protector especial (doctrinas china y etrusca). 


 Entre las plantas medicinales más empleadas por los guaraníes figuran el ambay, canelo, palopichi, romaza, etc. Consecuentes con la práctica del chamanismo, los indios maká (habitantes de la región antigua del Chaco y Paraguay), han dado aportes al conocimiento del uso práctico de algunas plantas medicinales. Ejemplos lo constituyen el maytenus, la cassia, la begonia, etc.

 También utilizaron elementos de origen animal: el pene triturado de los monos coatíes mezclado con agua o colocado junto a la yerba mate como afrodisiacos; los huevos de la serpiente ampullaria contra quemaduras; los cuernos pulverizados de los venados mezclados con agua, serían útiles para la expulsión de la placenta en las parturientas, etc. Otra cultura indígena que dio muestras de su conocimiento de las plantas medicinales es la mapuche, en territorio argentino. Utilizaron en su gran mayoría plantas provenientes de la cordillera de los Andes, ya sea en forma de infusiones, cataplasmas o preparados florales. Previo al uso de algún preparado, realizaban un ritual para alejar para alejar a los malos espíritus en base a un arbusto de fuerte olor llamado quelenlahuen. 
 Dentro del arsenal fitoterápico que empleaban figuran plantas como la ortiga (en padecimientos de tipo digestivo y trastornos catarrales), el diente de león (como depurativo general), y el llantén menor (como tonificante general, en especial para los niños). Estas plantas solían mezclarse con agua de manantial y piedras montaña (a las que denominaban lahuenca y hueñatu, respectivamente). 
 Respecto a los indios onas de Tierra del Fuego (en 1995 falleció el último sobreviviente) podemos decir que conocían muchas especies vegetales aunque utilizaban pocas, la mayoría dentro del rubro alimenticio. Los hongos, en especial los del género Cyttaria, constituían una importante fuente nutricia. Según sus creencias, alegaban que el consumo masivo de hongos podía deformarles el cuerpo. La carne y el cuero de guanaco eran la base de su alimentación, vestimenta y vivienda, por lo cual se destacaban en la caza del mismo. Su lengua era el shelknam chá (n) cuyo significado era shelknam = ona y chá (n) = palabra.
  Entre las pocas plantas medicinales que utilizaban figuran la Drymis winteri (caspa), Calvatia lilacina (catarros bronquiales), Ribes magellanica (dolores estomacales), Acaena ovalifolia (cicatrización de heridas), Myzodendron punctulatum (dolores musculares), etc. 
 Fuera del territorio argentino, una etnia que se destacó por sus conocimientos herbarios es la Kallawaya de Bolivia, quienes mucho antes de la llegada de los españoles ya ejercían la medicina. Con el nombre de Kallawayas se ha designado históricamente a todo aquel nativo boliviano dedicado al arte de curar. Se les llama también kamilis, jampiris o simplemente doctores viajeros. La palabra Kallawaya proviene de los fonemas aymarás: Kolla = medicamento, y Waya = llevar al hombro; dando lugar así a la particular manera de cargar sus medicinas. 
 Utilizaban no sólo la farmacopea vegetal, sino la mineral y animal. Sólo los hombres estaban iniciados en esta práctica, y trasmitían sus conocimientos de generación en generación. Una vez que el iniciado había heredado los conocimientos paternos, debía rendir examen ante el consejo de su pueblo, quienes finalmente lo admitían o no. La superstición, la magia, o los malos espíritus participaban del mecanismo etiológico de la enfermedad. 
 Según el historiador Enrique Oblitas Poblete, cuando los Incas conquistan el territorio de Kolasuyo (abundante en hierbas medicinales) encontraron a estos hombres expertos en medicina, astrología, magia, etc. Sin dudarlo, los llevaron a Cuzco  para que se ocuparan de tratar a la casta noble. También aprendieron el uso anestésico de la hoja de coca la cual era utilizada en forma de aceite esencial por los Incas en las trepanaciones craneales. De aquí se infiere que los principales conocimientos medicinales incaicos provienen de la intrusión de esta cultura. 
 Existen muchas referencias históricas en las que se admite que los Kallawayas hacían uso de antibióticos varios siglos antes de su descubrimiento, el cual obtenían del fermento del plátano verde o del maíz y lo usaban como pomada o ungüento en heridas e infecciones cutáneas. Fueron los Kallawayas quienes enseñaron a los españoles el uso de la quina, genciana, ipecacuana, el  bálsamo de Perú y el aceite de copaiba, entre otros. El territorio donde se proveían de sus remedios era vasto: el altiplano, Kolasuyo, la cordillera, Yungas, valles de Charazani, Sucre, Cochabamba y regiones tropicales selváticas. 
 Para quienes estén interesados en conocer algo más de la cultura Kallawaya, Bolivia ha creado el Museo Kallawaya en el nacimiento del Lago Titicaca, frente al hotel Inca Utama. Allí tiene su consultorio un famoso médico Kallawaya, quien a pedido del paciente, orientará en el área de salud y futurología, mediante la utilización de hojas de coca y oraciones en idiomas aymará y quechua.
 

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