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12 may 2014

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FITOMEDICINA EN LATINOAMÉRICA - PARTE II

El descubrimiento de América: 

significado y consecuencias:

 

 El emprendimiento de Cristóbal Colón de ninguna manera puede decirse que haya sido una aventura más, sino que en rigor de verdad existía una acuciante necesidad en Europa de encontrar una nueva ruta de especias ya que el monopolio estaba en manos de portugueses y el tránsito por Oriente era cada vez más arduo. 
 Las especias asiáticas más importantes (clavo de olor y nuez moscada) estaban en la mira del navegante genovés en este emprendimiento. De ellas dependía en gran parte la conservación precaria de la carne obtenida de la muerte de animales por la rigurosidad climática de la zona del mediterráneo en la época invernal. Sin embargo, no las encontró aunque en su reemplazo halló maíz, pimientos, batatas, etc. 
 El intercambio de plantas entre el Viejo y el Nuevo Mundo encontró en el tráfico de esclavos una vía de canalización comercial muy importante. Cultivos americanos como el maíz o la yuca fueron intercambiados por cultivos africanos, como el frijol de carita, los ñames o el quimbombó. También fue importante en la tarea de difusión interamericana (es decir desde las regiones tropicales hasta el resto del continente) la labor desarrollada por las misiones jesuíticas. 
 El desembarco de Colón en las zonas tropicales de Centroamérica y su contacto con los indios caribes (poseedores de una agricultura muy desarrollada) permite abordar el conocimiento de gran cantidad de vegetales hasta ese entonces desconocidos.
 En 1492 viajaron junto a Colón un físico (el maestre Alonso), un cirujano (el maestre Juan) y un boticario (el maestre Diego). Con los restos de Santa  María, se contruyó el Fuerte de la Natividad, en donde quedaron 39 de sus hombres, entre ellos el maestre cirujano Juan quien aquí se erigió en el primer médico europeo a habitar tierra americana. Al retornar Colón en noviembre de 1493, encuentra arrasado el fuerte y muertos todos sus ocupantes. Es así que queda en esta oportunidad como médico don Diego Álvarez Chanca, a quien se le deben las primeras descripciones de la flora americana, en este caso, la correspondiente a las Antillanas.

 Uno de los pioneros para el reconocimiento de la fauna y la flora americana fue sin dudas Gonzalo Fernández de Oviedo, quien había llegado a la zona de Panamá en 1514 en calidad de veedor de la explotación de minas y fundiciones. Las primeras muestras traídas de los viajes de Colón (entre ellas se mencionan el cacao, caucho, ají, maní, frutas tropicales, hierbas medicinales, etc.) eran llevadas al puerto de Sevilla, ya que allí funcionaba la Casa de Contratación y de donde se distribuían posteriormente al continente africano y asiático. 
 Precisamente de ese puerto zarpa en al año 1519 Hernando de Magallanes, quien sería a la postre el primer navegante en dar la vuelta al mundo. Junto con él viaja el italiano Antonio de Pigafetta a quien le encomendaron el estudio de la flora y la fauna. El hecho de hallar oro  en las nuevas tierras cambia el sentido científico esta expedición, dejando así raleado el conocimiento de la flora autóctona. 
 Debió pasar casi medio siglo para que España recuperase el entusiasmo por las plantas americanas (para entonces ya se conocían las bondades de la zarzaparrilla, sasafrás, jalapa, coca, ipecacuana, quina, bálsamo de Tolú y Perú) lo cual motivó que Felipe II enviase a su médico de cabecera, Francisco Hernández, en una expedición científica con el objeto de estudiar la flora americana desde Méjico hasta el sur del continente. 
 La expedición parte por primera vez en 1571, y realiza luego 7 expediciones más. De este modo,comienzan a crearse nuevas rutas comerciales, como la que unía Acapulco con Filipinas. La obra de Hernández fue conocida parcialmente ya que gran parte de ella se quemó durante un incendio en el monasterio de El Escorial. Tan sólo pudo salvarse un resumen realizado por el napolitano Nardo Recchi, el cual fue publicado cien años más tarde. La importancia del mismo radicaba no solo en la interesante descripción botánica realizada (3.270 plantas en total, el doble de las conocidas en Europa), sino también en ser la primera en revelar los secretos de la medicina azteca, desconocida hasta entonces. En un apartado de su obra hace referencia al bálsamo de la Meca que dice así: "... Si las Indias no se hubieran descubierto más que para procurarnos este licor maravilloso, bien compensado estarían los sinsabores de Colón y sus acompañantes...".
 
Por su parte, el médico sevillano Nicolás de Monardes se interesó prontamente en las medicinas que llegaban del nuevo mundo, al punto de escribir una obra editada en Sevilla entre 1569 y 1574, donde hace mención de varias plantas autóctonas, entre ellas la del tabaco, copal, ricino, contrayerba, zarzaparrilla, cebadilla, guayacán, saponaria, paico, jalapa y coca. En 1952, el sacerdote Agustín de Farfán escribe un libro titulado Tratado Breve de Medicina el cual se constituye en un auténtico "best seller" para la época.

 Cada vez era mayor el deslumbramiento proporcionado por las plantas medicinales encontradas en América. En sus Comentarios Reales sobre el Perú escrito entre 1609 y 1617, el Inca Garcilaso de la Vega hace el siguiente comentario sobre una hierba llamada mateclu: "... A mí me dio noticia de allá un español, que me juró se había visto totalmente ciego de nubes en sus ojos y que en dos noches cobró la vista mediante la virtud de esta hierba...".
 
Por otra parte, las nuevas rutas hicieron que en poco menos de 50 años, la flora americana alcanzara varias partes de Europa, África y Asia. La llegada de algunas especies a la zona del Mediterráneo (dominada comercialmente en ese entonces por los turcos), hizo que se les modificara el nombre a algunas plantas. Por ejemplo, el maíz americano pasó a llamarse "trigo de Turquía". Cuando comienzan a arribar navegantes provenientes de Portugal y Holanda al Nuevo Mundo, la propagación de especies cobra un importante incremento. Es así que el tomate, por tomar un ejemplo, siendo originario de Chile y Ecuador, tenía una total distribución mundial hacia el año 1600. 

 El tomate llevado desde Perú a Italia. Y de aquí partían las embarcaciones que lo trasladaban al resto de Europa, Oceanía y Sudeste asiático. Cabe señalar que en Francia e Inglaterra, el tomate tenía un sentido ornamental y simbólico, siendo denominado manzana del amor. Sin embargo el intercambio entre ambos mundos provocó el desastre demográfico en los indios americanos ya que ingresaron en América enfermedades hasta entonces desconocidas, traídas tanto por europeos como por africanos. La migración del hombre, en definitiva, es responsable del avance de las epidemias. 
 Tras el desembarco de los 1500 hombres y animales domésticos provenientes de los navíos de Cistóbal Colón en la isla La Isabela (Rep. Dominicana), el 9 de diciembre de 1493, se inicia la primer epidemia de Influenza que, de acuerdo con palabras de historiadores "había dado cuenta con las vidas de un número infinito de indios, siendo reservorio y difusor del virus tanto el hombre europeo como los cerdos que traían". Para ese entonces, la población de Santo Domingo era de 1.100.000 habitantes. Con el correr de los años, no sólo la Influenza causaría desastres, también el hambre y la miseria. En 1506 la población ses redujo a 350 mil habitantes, en 1510 a 16 mil y en 1517 sólo llegaban a 10 mil nativos. 
 Entre 1558 y 1559 se desató una segunda epidemia de Influenza que diezmó prácticamente todos los territorios conquistados. Cabe señalar que en 1557 se origina una epidemia de Influenza en vastos territorios europeos, por lo que es fácil deducir el origen de la misma en el nuevo mundo. Los indios Cakchiqueles de Guatemala daban cuenta de esta "enfermedad de sangre de las narices" que produjo gran mortandad entre sus miembros.
 Precisamente en ese mismo año surgen epidemias de viruela en Lima y de sarampión en Quito. La primer epidemia de viruela ocurre entre los años 1518 y 1519 aparentemente proveniente de la región de Castilla en España. También se infectaron algunos españoles, pero ninguno de ellos había fallecido. En cambio, la población indígena de Santo Domingo quedó devastada al igual que otras tribus, como la arawak de las Antillas. De aquí se extendió hasta México, a través de una expedición de socorro que se unió a Hernán Cortés. 

 En esta época, Hernán Cortés tenía muchas dificultades para conquistar México y la llegada del virus ocurre en el preciso momento en que los españoles son derrotados y expulsados de Tenochtitlán. Mientras se reponían del duro golpe, veían azorados como la viruela diezmaba la población azteca. Éstos, que no conocían esta enfermedad, la denominaron  Hueyzahuatl cuyo significado era "gran lepra". A raíz de la muerte del hermano de Moctezuma (víctima de la viruela) y actual jefe de los aztecas, no pasó mucho tiempo hasta la rendición frente a los españoles.
 Finalmente, el azote de la viruela llega hasta el imperio incaico, entre los años 1524 y 1526, así esta enfermedad se volvió la mas cruel para todos los nativos americanos. Entre 1530 y 1531 aparece una nueva enfermedad: el sarampión que abarcó un área que se extendía desde México hasta Perú. Los aztecas la denominaron Tepitonzahuatl o "pequeña lepra" y las víctimas principales en este caso fueron los niños. En menor medida, afectaron a los indígenas otras enfermedades como las ricketsiosis y el tifus. Esta última afectó a Cristóbal Colón en su estadía en La Isabela. El perfil epidemiológico de América se completó con el "aporte" de enfermedades transmisibles de origen africano: entre ellas la malaria y la fiebre amarilla. 
 ¿Pero, que significado le atribuían los nativos a la irrupción de estas enfermedades?  El carácter repentino, y explosivo con el cual debutaban las mismas y la inexplicable muerte que sobrevenía tras ellas, marcaban un aire de sobrenaturalidad difícil de explicar. Ellos creían, y de esto dan cuenta todos los historiadores, que la enfermedad era fruto de un castigo divino: el nuevo Dios que traían los europeos se ensañaba contra sus creencias y sus pecados. Por ello no caían enfermos los europeos y sí ellos. Ni los ayunos, ni las abstinencias ni las ofrendas les salvaron. 
 La única solución sería adoptar la nueva religión. Una especie de "arreglo" no muy convincente para la idiosincracia del nativo. Mientras, tanto estrago determinó en los indígenas, la búsqueda de productos herbarios para combatir tantas desgracias, entre los que se destaca la quina. Este aniquilamiento de los grupos nativos hizo preocupar a algunos sectores de la corona. Por ejemplo, el duque de Palota escribía al rey de España en el año 1621 la alarmante situación que estaba ocurriendo en América, exhortándolo para que modifique el accionar y la metodología de los conquistadores. 
 En cuanto a los grupos poblacionales ubicados en territorio argentino, también fueron diezmados tanto por las epidemias como por las guerras. Para algunos de ellos, las enfermedades epidémicas se debían a la presencia de una especie de "gorgojo" pequeño armado de arco y flecha.  

 Curiosamente  los griegos tenían una creencia similar, lo cuál puede observarse en La Ilíada en donde se dice que las ofensas hechas por los aqueos a Apolo desencadenaron por parte de éste el lanzamiento de gran cantidad e flechas responsables por las epidemias que azotaban la región. En cambio, para otros grupos nativos, las epidemias estaban relacionadas con los fenómenos celestes inexplicables para ellos, tales como la aparición de cometas, eclipses de sol, etc.

En otro orden de cosas y continuando con la cronología de hechos vinculados con la llegada europea al nuevo continente, en el año 1735 la Academia de Ciencias de Francia decide medir el grado de achatamiento que poseía la tierra, lo cual es encomendado a cuatro científicos: La Condamine, Bouguer, Godin y Jussieu. Éste último era pariente de Bernardo de Jussieu, el ideólogo del primer sistema natural de clasificación botánica. Los lugares de medición serían dos: Laponia y Centroamérica.
 Teniendo en cuenta que América estaba en poder de España, solicitan el correspondiente permiso a la corona, y acepta siempre y cuando sean incorporados a la expedición dos científicos españoles: Jorge Juan y Antonio Ulloa. Luego de permanecer bastante tiempo en territorio americano, sólo Jussieu ses radica definitivamente, abocándose fundamentalmente al estudio de la quina, coca y jacarandá. Pero en el mejor momento de su obra, Francia lo obliga a abocarse únicamente a la práctica de la Medicina, debido a la escasez de médicos europeos radicados en la región.
  De esta manera, sus escritos quedan en manos de un criado, quien con el correr del tiempo los pierde. Atento que la obra de Jussieu tenía gran reconocimiento en Europa, la corona española decide recuperarla, enviando a tal fin una nueva expedición a los territorios de Chile y Perú, encabezada por los españoles Hipólito Ruiz, José Pavón y el francés Joseph Dombey. 
 Hacia el año 1750, el sueco Carl von Linneo, crea un nuevo sistema de clasificación botánica basado en número y disposición de los carpelos y estambres de las flores, creando así una nomenclatura binaria que reemplazaría al complicado sistema polinominal. Fue tal la fama de Linneo, que el rey español Fernando VI le pide que se traslade a España en carácter de profesor de botánica. Debido a la serie de compromisos que ya Linneo había asumido, se disculpa por no poder ir pero en su reemplazo envía a su mejor discípulo: Carlos Loefling, quien arriba a España en 1572. 
 Dos años más tarde, es enviado en una misión por el Amazonas en donde llega a describir 30 géneros y 250 especies hasta entonces desconocidas. Desgraciadamente es víctima de una afección febril prolongada y muere en 1754 a los 27 años. Doce años mas tarde, Francia decide asegurar su soberanía en las Islas Malvinas y manda una expedición que luego cruzaría por el estrecho de Magallanes  y se dirigiría al Océano Pacífico. La misma iba al mando de Bounganville quien le diera con su nombre la denominación a una de las más bellas plantas trepadoras ornamentales: la Santa Rita.
 Es justo reconocer que la llegada de nuevas expediciones acrecentó enormemente el conocimiento de la flora americana. Es así que tuvieron mucha relevancia los viajes del capitán Cook, a quien acompañaba el botánico Solander (discípulo de Linneo). En su segundo viaje por el Atlántico Sur, acompañaron a Cook los botánicos J. Forster y G. Forster a quienes se les debe el conocimiento de la flora del estrecho de Magallanes. 
 Para esta época el rey Carlos III de España,  quien era un entusiasta naturalista, promueve una serie de leyes que regulaba el cultivo de y tráfico de semillas, como la creación de varios jardines botánicos en España. La pasión que tenía por las ciencias naturales hizo que enviara varias expediciones al nuevo continente, entre las que se destacó la comandada por José Mutis, quien era médico, astrónomo y botánico. 
 Lo llamativo de Mutis fue que viajó con nada menos que 18 dibujantes que iban a realizar dos copias de cada planta: una en color y otra en blanco y negro. Algunos años mas tarde, el rey Carlos IV manda una expedición que duró casi seis años, al comando de Alejandro Malaspina, quien hizo importantes aportes al conocimiento de la flora de América del Sur, Centroamérica y Filipinas.
 En 1799, el mismo rey encomienda un nuevo relevamiento de la flora y la fauna americana, tarea que relega en el geógrafo y astrónomo alemán Alexander Von Humboldt, quien decide invitar en su periplo a su gran amigo Bonpland. Las dificultades económicas por las que atravesaba la corona española relegaron el proyecto. Sin embargo, Humboldt decide correr con todos los gastos y realizarla de todos modos (se calcula que invirtió un tercio de su patrimonio). 
 Zarpan del puerto de La Coruña en 1779, y tras cinco años de intensa labor culminan su derrotero en 1804. Fue, a entender de varios historiadores, la expedición mas importante desde el punto de vista científico que había realizado la corona hasta entonces. Logran recolectar una cifra de especies que jamás fue superada: mas de 60 mil. El botánico Kunth fue el encargado de estudiar las mismas. Del libro de viajes, se desprenden varias incursiones por selvas, ríos y montañas, incluida una ascensión al pico más alto de Ecuador, el Chimborazo con 6.272 metros de altura. 
 La idea de clasificar las especies según el territorio en donde habitan, es idea de Humboldt, quien de esta manera crea una nueva ciencia: la Etnobotánica. Por desgracia, la sucesión de hechos políticos que padece España (incluida la invasión napoleónica) y la posterior independencia de los territorios conquistados, hacen que culminen las expediciones científicas al Nuevo Mundo. 
 De esta manera, podemos concluir que la llegada del colonialismo en tierra americana modifica el sistema curativo y autosuficiente que pregonaban los nativos a través de sus ritos y plantas. A cambio, la medicina ortodoxa-cientificista profesada por los europeos ofrecía por ejemplo, calmar el dolor mediante pócimas, mejunjes o brebajes en su mayor parte conformados por mezclas de alcohol, coca y opio similares a los utilizados por los hechiceros. También existían las sangrías con alacranes y practicamente se desconocían las bondades terapéuticas de la nutrición.

25 nov 2013

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FITOMEDICINA EN LATINOAMÉRICA - PARTE I

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA FITOMEDICINA EN LATINOAMÉRICA

 

 El desarrollo de la fitoterapia en el centro y sur de nuestro continente está muy relacionada con la actividad desarrollada en las distintas etnias por las figuras de chamanes y curadores. Si hacemos un correlato cronológico, es menester mencionar que de acuerdo con los vestigios esqueléticos y fósiles hallados en América, se calcula la llegada del homo sapiens a estas latitudes se remonta a unos 20 mil o 30 mil años de antigüedad. La teoría migratoria a través del estrecho de Behring por parte de nómades asiáticos es la más sostenida hasta el momento, los cuales realizaron un primer asentamiento en las praderas norteamericanas dando origen a la cultura Sandia considerada la más antigua de América. 
 Supuestamente, cada una de las razas emigrantes empujaría a las anteriores, originándose de ese modo la dispersión hacia el sur, pasando por México, Centroamérica y el istmo de Panamá. A la altura de Colombia se habrían bifurcado,  y unas tribus continuaron por la región andina hacia el cono sur, y otras por la llanura del Orinoco rumbo al actúa Brasil. 

 En la República Argentina, se consideran representantes de estas corrientes inmigratorias a los Huárpidos y los Patagónicos, con una antigüedad cercana a los 10 mil años. 
 La última corriente migratoria correspondió a la era neolítica, con navegantes provenientes de Asia que ocuparon las zonas de Melanesia, Indonesia, Polinesia e Isla de Pascua. Restos de estas culturas fueron hallados en Panamá y Colombia, puntos donde al parecer se mezclaron con poblaciones ya existentes, tomando así diferentes rumbos hacia el norte o el sur y conformando nuevas tribus que se conocieron con los nombres de Arauac, Caribes y Tupí-guaraní. Estos últimos ocuparon las regiones norte y litoral de Argentina. 
De las primitivas inmigraciones asiáticas fueron surgiendo importantes focos de civilización los que practicaron  un arte muy similar al de Egipto o la India y una y una ciencia muy evolucionada capaz de trepanar cráneos o imaginar el cero como símbolo de la nada. Se trataba de civilizaciones de tipo esclavista que, a medida que iban anexando pueblos, fueron imponiendo sus costumbres y creencias. Entre éstas existía la plena convicción de relacionar la enfermedad con espíritus rituales esotéricos.
 Llama la atención que existe plena coincidencia del concepto mágico-religioso de la salud y la enfermedad entre todos los pueblos primitivos, aun aquellos que por su lejanía jamás estuvieron conectados entre sí. Existía en todos ellos la creencia de un poder sobrenatural muy diferente al de toda fuerza material conocida. A esa extraña fuerza se la conoció con el nombre de maná. 
 En la religión melanesia se tiene la creencia de que existe en el mundo un poder sobrenatural que pertenece al mundo de lo invisible., y su culto es la puesta en práctica de los medios que pueden hacer obrar  ese poder en su beneficio. Sería el hechicero quien está virtualmente "cargado de maná" y obra en consecuencia. Por lo general los hechiceros incorporan la palabra maná a su nombre. De ahí tenemos nombres como Peimaná, Gismaná, etc. 
 En África, el maná se conoce como hashina, en América del Norte (territorio Sioux) se le dio el nombre de wakan y en Australia churinga. De la creencia del maná, tanto en India como en extremo Oriente se llega a la idea de Dios. Para el sociólogo A. Van Genep, la creencia del maná está íntimamente ligado al concepto moderno de energía. Nos refiere el autor:
 "El hombre primitivo piensa que hay una fuerza misteriosa oculta que está en todas partes, que penetra todo, que hace germinar las plantas, que las hace madurar y cargarse de frutos, que hace desarrollar embriones animales, que rige los movimientos del sol y hace crecer a los niños. Esa extraña fuerza es el maná."
 
A medida que el hombre fue evolucionando, comienza a interpretar sus sueños como mensajes divinos o a entrar en estados de "trance" luego de conocer las primeras plantas alucinógenas. Es así que nuestros primitivos habitantes americanos heredaron el chamanismo, costumbre muy adentrada en los pueblos de Siberia y Asia Central. Estos curadores existen aún en nuestros días y conservan muchos rituales milenarios; para los etnólogos es de sumo interés conocer su arte y sus costumbres.

 La palabra chamán deriva del vocablo tungusu-manchuriano "saman" que significa: conocer. Precisamente, su arte del conocimiento (referido a clarividencia; precognición y conocimiento de las hierbas y animales) los distinguía del resto. Los antecedentes del chamanismo datan de por lo menos 20 mil años de antigüedad, y se evidencian a través de hallazgos arqueológicos como los efectuados en Polinesia, Japón, China Septentrional, Sudamérica, Centroamérica, África, Australia y Pacífico Sur. 
 Para el Chamán, toda dolencia se origina en una amplia variedad de causas; la violación de un tabú, la enemistad de un dios, la posesión del paciente por fuerzas hostiles, etc. Es por ello que el chamán debe investigar la causa que aqueja al paciente, y en tal sentido realiza sus "viajes" en estados de trance o alucinatorios que permita encontrar al espíritu que guíe o intermedie la curación.

 En general el acto chamánico se realiza de noche, junto a un río, cueva o en la cima de una montaña. El enfermo es parte del acto, al igual que algunos integrantes de la tribu que acompañarán con sus danzas y bailes el acto de curación.  El fuego y la luna dan la luz necesaria  y son parte ineludible del escenario montado. El chamán suele disfrazarse con vestidos muy llamativos y de vivos colores, sus inseparables acompañantes con un espejo, un tambor y en ocasiones un sonajero. 
 Para la psicología el hecho de que el chamán acepte tratar al enfermo, sumado al aura de omnipotencia que transmite su presencia, ya crea en éste la expectativa de la curación. El paciente ya no se siente solo en la lucha contra los poderes maléficos que la han invadido. El rito chamánico finaliza por lo general, con un plan terapéutico: masajes, hierbas, prescripciones dietéticas o ayunos y amuletos que debería llevar el paciente durante el período de curación: un collar de cuentas, una imagen en madera o arcilla o una cuerda anudada. 

El chamán era el producto de la "elección de los dioses". También podía heredar de un ancestro esas facultades o haber recibido señales "divinas" desde el cielo (rayos por ejemplo). Sin embargo debía reunir ciertas pautas que lo hiciera distinto al resto. Por ejemplo, quienes habían sufrido algún trastorno mental importante (epilépticos, esquizofrénicos, etc.) podían llegar a ser chamanes. Aunque en general eran hombres, las mujeres también podían ser elegidas. Entre los araucanos, tenían preponderancia los homosexuales pasivos, quienes incluso se vestían de mujer en las ceremonias. Con el tiempo, fueron reemplazados por las mujeres, a las que se conoce con el nombre de "machi". 
 Respecto a la  personalidad del chamán nos dice Armando Pérez de Nucci: "...generalmente es vivaz, despierto, intuitivo y ágil para ubicarse rapidamente en la situación psicológica del enfermo; y con pocas preguntas llega a hacer un diagnóstico, aprovechando el perfil de quien ha concurrido a su consulta". 
 Por supuesto no podían estar ausentes elementos de la naturaleza a los que consideraban sagrados, por ejemplo piedras o el caso del árbol de canelo. Las piedras siempre estuvieron asociadas con el poder divino, ya que forman parte del contexto natural en el cual vive el hombre. De ahí que los altares siempre estaban puestos encima de piedras. 
Los elegidos aprendían durante años al lado de su maestro tanto las técnicas mágicas, como los procedimientos quirúrgicos y la utilización de las plantas medicinales. El ámbito de aprendizaje era por lo general nocturno, ya que era el ideal para lograr concentración, quietud y contacto con otras almas. De ahí que muchos actos curativos fuesen realizados de noche. 
 El concepto de magia debe entenderse dentro del contexto de la relación del hombre (microcosmos) con el universo (macrocosmos), definiéndose como la capacidad para trabajar con las fuerzas del universo y producir los efectos deseados a voluntad mediante hechizos, encantamientos o ciertos rituales. Respecto a este punto, señalaba Freud que la eficacia de la magia partía del supuesto de la superioridad de los hechiceros, de su convicción del conocimiento que tenían y de su confianza ilimitada en el poder suprahumano del cual estaban poseídos. La omnipotencia era constituyente permanente asimilable a una neurosis compulsiva o una paranoia. 
   Como ingredientes del arte chamánico figuran los denominados fetiches, especie de estatuillas o esculturas que acompañaban el ritual de curación. La palabra fetiche proviene del francés fétiche y ésta del latín facticius, cuyo significado es encanto o sortilegio. En realidad, el fetiche debería sus "dotes mágicas o curadoras" a las fuerzas que lo habitan y que provendrían de la naturaleza, siendo el chamán el conductor de esas fuerzas. 
 Al respecto dice Javier Lentini "... todos estos objetos transmiten un sentido de dominio o de comunión con acontecimientos imprevisibles y poderes invisibles y misteriosos. Imponen significados y valores humanos a un mundo diferente, un mundo que por sí mismo carece de significados o valores asequibles a la inteligencia humana". 
 Para los historiadores Magrasi y Radovich, uno de los hechos más importantes en el éxito de estos curanderos se basa en el mantenimiento de una relación personalizada con el paciente, además de la identidad social y lingüística que los une y por la adopción de una actitud paternalista y solidaria. 
En una misma línea de pensamiento refiere Margaret Loock "...cuando a un médico occidental se le pregunta acerca de las causas de las enfermedades, hablará sobre las bacterias o los desórdenes fisiológicos; un chamán, en cambio, probablemente mencionará la competencia, los celos, la avaricia, las brujas, los maleficios, los malos actos de un miembro de la familia del paciente o algún otro aspecto en el cual el paciente o sus parientes hayan fallado en mantener el orden moral...".
 Al respecto, decía el ex director adjunto de la Organización Mundial de la Salud T. Lambó: "... los médicos brujos o curanderos tradicionales no son menos útiles que los psiquiatras y psicoterapeutas de los países occidentales. A pesar de la civilización tecnológica, los hombres necesitan participar en ritos, cualesquiera sea el culto al que pertenecen". 
 Yendo aún más lejos, el famoso Dr. Albert Schweitzer decía: "... los éxitos profesionales de los curanderos son tan importantes como el del resto de los médicos..." a lo cual agregó: "...cada paciente lleva dentro de sí a su propio médico quien con su sabiduría viene a salvarnos. Todos debemos dar una oportunidad al médico que se haya en nuestro interior...". 
  Cada pueblo indígena tenía su propia explicación del concepto de enfermedad. Por ejemplo los mayas creían que todas las enfermedades se debían a la combinación de dos factores: la provocación de un hechizo y su llegada al enfermo a través de los vientos (en una clara interpretación de la unión entre el componente mágico y la naturaleza). 

 El curandero maya era conocido como ah man. Cuando visitaba un enfermo llevaba consigo un atado de fetiches, entre los que destacaba el dios Ixchel, y lo colocaba junto a la cabecera del enfermo. En el atado además llevaba una quijada de tapir, trozos de cola de manatí y hierbas medicinales. Su ceremonial continuaba con esparcir incienso en la habitación y por último sacaba de su atado una serie de piedras que arrojaba al suelo, y de acuerdo con la disposición en que caían, sabría la suerte que correría el paciente. Obsérvese que este ritual es muy similar al de otras culturas tan distantes como la de los zulúes africanos. 
 Cuando ocurre la llegada de los españoles, los mayas creían aconsejable sacrificar a algunas jóvenes, para que sus dioses expulsaran al hombre blanco. Para ello, la víctima era arrojada a un cenote (especie de río subterráneo en la abertura de una montaña donde antiguamente se proveían de agua y en torno al cual erigían sus ciudades).

 En cambio para los aztecas, la enfermedad era provocada por "alguien" más que por "algo". Ese "alguien" era una persona que buscaba el mal del paciente y la enfermedad aparecía por la supuesta "introducción" de una piedra o un dardo dentro del cuerpo del enfermo sin que éste se diera cuenta (la teoría del "cuerpo extraño" común a casi todas las etnias nativas). 

 A tal fin, debía el curandero (denominado tícitl) "sacar" la piedra del cuerpo, lo cual se realizaba a través de masajes y oraciones. Una vez hallada la piedra, suministraba la medicina sacada de una bolsa llena de plantas medicinales. Llevaba consigo hojas con dibujos de las mismas (una especie de vademécum). La planta elegida era desmenuzada en polvo y soplada hacia la nariz del enfermo que debía inhalar en ese momento. En otras ocasiones era dada en infusión. 
  Creían que el viento traía la fiebre, la noche la ceguera y la lluvia las llagas o úlceras en los pies. Para los aztecas,la muerte era algo antisocial, negativo para el clan familiar. Temían que el alma del difunto pasara a formar parte de las fuerzas ocultas o poder invisible asociado al mal. Antes de morir, el enfermo debía confesar sus males o pecados: para ello el curandero soplaba humo de tabaco sobre la cara del paciente. En caso de confesar (por ejemplo si en vida no había honrado a los dioses) su alma se salvaría. 

 En las ciudades aztecas eran comunes los jardines botánicos, lo cual fue copiado luego por los europeos. Entre las plantas que cultivaban en estos jardines figuran el agave, jalapa, papaya, ulli, liquidámbar, etc.
 Dentro del contexto medicinal de la medicina incaica, las enfermedades eran provocadas por una fuerza oculta introducida en le organismo debido a la cólera de un dios, o por los maleficios proferidos por guerreros enemigos. Entre las plantas medicinales más usadas figuran la coca, guayabo, maíz, pinco-pinco, piñón, quina, ratania, etc. El alto grado de perfeccionamiento quirúrgico logrado por los incas se pudo apreciar a través de los restos de más de 10 mil cráneos trepanados, hallados en excavaciones arqueológicas, en muchos de los cuales se pudo constatarla supervivencia del enfermo al poder identificarse el tejido de granulación periorificial. 
 Entre los restos arqueológicos incaicos se pudieron identificar también puntas de flecha de obsidiana, las que acondicionaban para realizar la trepanación; navajas de tumi (un metal similar al bronce), escalpelos, pinzas y agujas de sutura. Otro concepto importante dentro de este concepto es el de las prohibiciones mágico-religiosas, conocida como tabú. Esta palabra de origen polinésico hace hincapié en la presencia de una fuerza mágica inherente a ciertos espíritus o personas y que es capaz de trasmitirse en todas las direcciones por medio de objetos inanimados. 
 Es común en grupos nativos del norte de la Argentina y Bolivia la tradición del "aicar", una especie de prohibición terminante a toda mujer encinta a participar en velatorios, visitar cementerios o "antigales" (restos arqueológicos donde subyacen "espíritus" de antepasados). En caso de no cumplir con este precepto, las consecuencias las padecerá el niño que lleva en su útero, el cual nacerá con deformaciones, retrasos mentales, o muerto.
 Por lo general, el niño que nace "aicado" debido a la ruptura del tabú por parte de su madre, es penetrado por un espíritu denominado sajra que inadvertidamente le introduce un hueso (teoría del cuerpo extraño) en su interior. 

29 oct 2013

Evolución histórica de la medicina - Parte VIII

LA FITOTERAPIA EN LA EDAD MODERNA

 

 Con el advenimiento de la Edad Moderna, el avance de a ciencia promovido en principio por Galileo, Bacon, Newton y posteriormente Descartes, determinó que el mejor camino para llegar a un conocimiento efectivo y a la vez riguroso de la naturaleza debía ser llevado a cabo a través del Método Científico. De esta manera surge la era de la metodología la cual se puede definir como "aquella parte de la lógica encargada de estudiar los métodos de manera sistemática y crítica, ya sea los méto
dos empleados en las ciencias como los utilizados en la filosofía".
 Quien inicia los cuestionamientos al conocimiento imperante de la época es Galileo con su teoría de que la Tierra no era el centro del universo. Galileo propone romper con el clásico planteamiento de hacer preguntas reemplazando el porqué por el como (es más importante preguntar "como" caen las cosas que "porqué" caen las cosas).
 En este período de la edad moderna, el inglés Francis Bacon (1561-1626) sentó las bases de la ciencia moderna al aplicar para ella metodologías de investigación. En tal sentido, propuso como primera medida  eliminar todo prejuicio existente al encarar una idea. En segundo término desarrollar una base de trabajo que genere el experimento, y por último, el experimento determinara la experiencia. Así llegó a la conclusión de que sólo el experimento y la experiencia firman la base para el control práctico de la naturaleza.
 Estas bases no estarían completas sin el aporte de las matemáticas, tarea llevada a cabo más tarde por Isaac Newton (1643-1727) quien supo combinar el método inductivo-empírico con el deductivo-matemático. Asimismo, no debe omitirse el aporte de René Descartes (1596-1650) considerado el padre de la filosofía moderna, que incorpora el método deductivo, que incita primero a dudar de todo para luego encontrar las soluciones verdaderas. Así llega a su famosa frase "cogito ergo sum": yo pienso, luego existo.
 Se llega así a sostener que sólo aquello que puede ser explicado con la razón es perfectamente válido. Es la era del positivismo, filosofía sustentada en la base de que sólo el razonamiento, basado en hechos y datos obtenidos en observaciones y experimentos, puede sostener el saber o conocimiento.

 La palabra método surgió de unir dos raíces griegas: meta = hacia; odos = camino; es decir camino hacia algo, esfuerzo para alcanzar un fin. De alguna manera, el método científico logra colocar como trasgresor a todo aquel que no podía explicar "científicamente"  las propiedades terapéuticas o curativas de determinada sustancia; es así que el conocimiento transgresor da lugar al nacimiento del empirismo. Sin embargo, el método científico partía del conocimiento empírico, pero trataba de darle u marco de lógica o de referencia comprobable por mecanismos ideológicos-filosóficos. Decía A. Huxley "aquellos que renuncian a ir más allá de los hechos raramente obtienen otra cosa que los hechos". 

 No obstante, y más allá de cuestiones filosofales, durante los siglos XVI y XVII y paralelamente a una caída de la autoridad eclesiástica en el mundo, muchos médicos retoman la obra de Dioscórides y comienzan a profundizar en ella. Paralelamente, surgen nuevas investigaciones que echan por tierra viejas creencias. Es el caso de William Harvey (1578-1657) quien descubre que el corazón es el órgano bombeador de sangre hacia toda la economía del cuerpo (contrariamente a lo que sostenía Galeno). Por otra parte, surgen obras de importantes investigadores como la perteneciente a William Turner en 1568, John Gerard (1597), John  Parkinson (1640) y Nicolas Culpeper (1652) en donde se describían no sólo vegetales sino preparaciones en base a animales (venenos de serpientes, cálculos biliares de vacunos, cuernos de ciervo, lombrices, etc.). 
 A principios del siglo XVII se crea en Inglaterra la Farmacopea Londinense, origen de la Farmacopea Británica actual y en 1638 en Francia, es creado el Códex Medicamentarius Gallicus. 
Ambas obras, junto a las Farmacopeas e Portugal y España, fueron referentes del saber médico en muchas otras regiones (incluido el nuevo continente) habiendo incorporado muchas hierbas medicinales, a pesar de que no se conocían muy bien sus dosis terapéuticas y sus dosis tóxicas. 
 Para evitar problemas de toxicidad o mal uso de las hierbas por parte de la gente común, William Turner y Nicholas Culpeper escribieron sus obras en inglés (y no en latín como solían hacer los científicos de la época) lo cual les trajo innumerables problemas con las autoridades del recientemente creado College of Phisicians. Entre estos médicos quien quizás más se destacó fue Nicolás Culpeper (1616-1654) quien defendió gran parte de las teorías de Paracelso además de rescatar la obra de Dioscórides, la de la medicina árabe e incorporar los conocimientos astrológicos aplicables a las plantas. 
  En el frontispicio de su obra titulada El Médico Inglés menciona no sólo el tratamiento con hierbas que crecen en Gran Bretaña, sino que aporta importantes conocimientos de fisiología e higiene. Cuando es herido sobre la Guerra Civil Inglesa contra en Commonwealth, es trasladado al hospital y observa las carencias de estos centros de atención sanitaria. Fue así que se transforma en un gran defensor de los derechos ciudadanos de acceder a la salud pública, atento a que la mayoría de la población no podía pagar una consulta médica privada. 
 A él se le debe la publicación en Norteamérica del primer herbario, hacia el año 1700. La mayoría de los médicos que conocían el uso de la plantas medicinales, comienzan a legislar leyes que castigaban a sus "competidores" no médicos, abriéndose una brecha importante entre el saber científico y el folclórico. El expendio y venta de hierbas queda bajo el riguroso manejo de boticarios o herbolarios académicos. 
 En cambio, los médicos que no utilizaban plantas medicinales insistían en el uso del mercurio, la quinina y el arsénico los cuales crearon múltiples intoxicaciones. Por ejemplo, el mercurio contribuyó a la muerte del rey Carlos II en 1685 y a la de George Washington en 1799. Era común que los pacientes afectos de sífilis recibieran altas dosis de un purgante conocido como calomel basado en su totalidad en cloruro de mercurio. El exceso de purgas y sangrías configuraron la denominada "medicina heroica" cuyo principal exponente, el Dr. Benjamín Rush (1745-1813) sostenía que para la práctica médica sólo se necesitaban dos cosas: sangrías y calomel. 
 Esto motivó a a que muchos investigadores y médicos replantearan cuál era la "medicina oficial" que debía ser implementada en la enseñanza universitaria. Uno de esos cuestionadores fue el alemán Samuel Hahnemann (1755-1843) quien creyó conveniente utilizar sustancias tóxicas en forma diluida y convenientemente dinamizada para tratar las diferentes enfermedades. 

 El sistema homeopático se basa en el principio de tratar la enfermedad con la misma sustancia que la provoca, pero a dosis diluidas (infinitesimales). Para ello, Hahnemann comenzó sus investigaciones con la quinina, siguió con el mercurio, luego el arsénico y finalmente con otro tipo de sustancias: minerales, vegetales, animales, etc., dando origen así a un revolucionario método que aún perdura en nuestros días y que se conoce con el nombre de Homeopatía (Homeo = similar; Pathos = enfermedad, es decir curar a través del similar). 
 Su libro, el Órganon, se considera la obra cumbre de la medicina del siglo XVIII y crea un nuevo concepto en el tratamiento de las enfermedades preservando los fundamentos Hipocráticos que consideran más importante al enfermo que a la enfermedad y rescatando el principio de "Primun non Nocere" (lo primero es no dañar). Posteriormente, Hahnemann fue incorporando nuevas plantas hasta llegar a un total de casi 400 hierbas, la mayoría de Europa Central, probadas en el hombre a través del método dinamizado. 

 Una de las primeras plantas reconocida científicamente por sus bondades terapeúticas fue la digital. Cuenta la historia que una paciente que sufría de hidropesía por trastornos cardíacos prueba una receta basada en una antigua receta familiar que la contenía. Al observar el excelente resultado del brebaje, decide comunicárselo a su médico de cabecera, el Dr. William Witherin quien hasta ese momento había fracasado continuamente con los tratamientos instaurados en su paciente. En vista del éxito obtenido, comienza él mismo a recomendar esta planta y en el año 1785 publica un libro titulado Account of the Foxglobe and Some of his Medical Uses, en el que relata 200 casos de hidropesía asociados a insuficiencia cardíaca. Asimismo, revela las partes de la planta que contienen mayor cantidad de principio activo, época de recolección y dosis óptima (muy cercana a la dosis tóxica). 
 El alemán Cristoph Hufeland, nacido en Turingia en 1762 y su compatriota Heinrich Lahmann, fueron grandes preconizadores de los tratamientos por métodos naturales. Este último creó en 1887 un sanatorio naturista cerca de la localidad de Dresden que alcanzó notoriedad mundial. También merece destacarse la labor del médico cirujano alemán Augusto Bier (inventor de la anestesia endovenosa y la raquitomía) quien dejó su especialidad y se abocó a la difusión de la homeopatía y de la medicina natural. Otro ejemplo lo construyó el sueco Maximilian Bircher Brenner, quien fue el primero en preconizar la importancia de la ingesta de vegetales crudos. 
 Muchos médicos europeos lentamente de comenzaron a emigrar hacia el Nuevo Mundo y poco a poco fueron adquiriendo el conocimiento de las plantas autóctonas. Así fueron incorporados al arsenal terapéutico remedios vegetales tales como la dragontea, el sasafrás, el olmo, el lino azul, la vara de oro, etc. 
 Tras la muerte de George Washington, víctima del mercurio como hemos visto, hubo una especie de rebelión médica en norteamérica contra los tratamientos ortodoxos, encabezada por Samuel Thompson (1769-1843), quienes trataron de revalorizar los tratamientos a base de vegetales. Este médico se nutrió del conocimiento indígena en gran medida y popularizó el uso de plantas como la cayena, la serpentaria y la lobelia. 

 Thompson fue el fundador de la Fisiomedicina y propuso la teoría acerca de que "todas las enfermedades se debían al frío", lo cual no suena tan descabellado si observamos que su labor se desarrolló en el territorio de Nueva Inglaterra donde los inviernos diezmaban a la población. Se calculó en 1830 que alrededor de 3 millones de personas adherían las teorías de Thompson. En 1864, sus seguidores europeos crean la National Association of Medical Herbalist, la organización oficial más antigua de Europa en cuanto a fitoterapia se refiere. 

 A principios del siglo XIX, la medicina occidental comienza a influir en Oriente, sobre todo en las prácticas chinas e hindúes. Con la llegada de los ingleses a la India, comienza a desplazarse la medicina ayurvédica de la enseñanza universitaria, considerándose a ese saber como "una práctica inferior". En cambio en China, el flujo de ideas occidentales fue menos traumático y enriquecedor para ambas partes. 
 En Europa surgen grandes defensores de la salud por métodos naturales, como Sebastian Kneipp (1821-1897) y posteriormente Johann Künzle (1857-1945). En 1864 se crea en el norte de Inglaterra el National Institute of Medical Herbalists, la primera entidad profesional de fitoterapia en el mundo. En tanto en América, el conocimiento herbario aun se centraba en la figura del hechicero o "chamán" el cual por medio de rituales que incluían danzas y "fumatas" de tabaco o peyote, les permitía entrar en trance y de esta manera "viajar espiritualmente" en busca del alma de la persona enferma a efectos de rescatarla y curarla. 
 Cabe hacer notar que el tabaco era utilizado por los nativos sólo como elemento ceremonial. Entre las sustancias que les permitía entrar en estado de trance figuran el yage, la ayahuasca, el agárico, el beleño, la belladona, bayas de espino o mandrágora (nótese la gran cantidad de sustancias o compuestos tóxicos y alcaloides que contienen las mismas).
 En 1830 había surgido un movimiento en Norteamérica basado en el empleo de las plantas medicinales, de acuerdo con las prácticas recopiladas de los indígenas, combinadas con prácticas ortodoxas, siendo su pionero el Doctor Wooster Beech (1794-1868). Este movimiento se denominó eclectismo y en la cumbre de su popularidad llegó a contar con más e 20.000 practicantes calificados en Estados Unidos. Beech supo mancomunar los avances científicos de la época con el correcto uso de las plantas medicinales, rechazando en parte las teorías de Thompson por considerarlas demasiado simplistas. 
 Lentamente fue desplazando a la medicina "oficial" al punto que se tuvo que realizar un debate en 1907 para determinar a que escuela médica debían destinarse los fondos de los filántropos que sostenían la medicina en ese entonces: Andrew Carnegie y John D. Rockefeller. Finalmente se optó por privilegiar la medicina oficial y lentamente el eclectismo fue perdiendo fuerza. 
 En el año 1906 aparece un tal Dr. Charubel quien publica un libro que hablaba sobre la curación de las enfermedad esa a través de las plantas y minerales, pero con un enfoque distinto: el mecanismo de acción terapéutico de las plantas y minerales se centraría en el plano espiritual. Indicó el uso de 39 plantas que actuaban en la esfera psíquica, aparte de 3 metales y 11 piedras preciosas. Un discípulo de él, el Dr. Rudolph Steitner amplía la obra con mayor cantidad de minerales y plantas (entre ellas el muérdago) y da origen a la denominada Medicina Antroposófica que aun hoy perdura. 
 En el siglo XIX, Un joven aprendiz de farmacia en Alemania llamado Friedrich Serturner aisla del opio una sustancia a la que se denominó: morfina. Posteriormente, en 1819 se aisla la atropina y la hioscina de la belladona; en 1820 se aisla la quinina de la corteza de la quina; en 1827 la salicilina de la ulmaria; en 1829 la emetina de la ipecacuana; y en 1860 la cocaína de las hojas de coca.
 Finalmente en 1828, Friedrich Wohler produce la síntesis de la urea a partir de una sustancia inorgánica (el cianato de amonio), dando comienzo así a una nueva etapa de la medicina, en la cual por primera vez se prescinde de la obtención de un compuesto proveniente de un vegetal. 
 Los soplos de libertad que fueron apareciendo tras la ola de independencias en los países americanos, dieron el marco apropiado para la creación de farmacopeas propias. Fue así que en 1820 se crea la primer farmacopea americana titulada: "Farmacopea de los Estados Unidos de Norteamérica". A continuación surge la de México y en América del Sur es Chile el primer país en contar con farmacopea propia, lo cual acontece en 1886. En 1898 surgen las de Argentina y Venezuela y en 1926 la de Brasil. La necesidad de crear normas para la buena preparación de remedios dio origen a la palabra farmacopea, término derivado del griego Pharmakon (droga) y poeia (hago, preparo).

7 oct 2013

Evolución histórica de la fitomedicina - Parte III

LA FITOTERAPIA EN LA MEDICINA SUMERIA, ASIRIA Y BABILÓNICA:

Estos pueblos hacían mención a las virtudes terapéuticas de aproximadamente 250 especies vegetales, entre las que destacaban la casia, la mirra, la asafoetida, el pino, corteza, raíz y hojas del dátil, aloe, amapola,
belladona, cardamomo, etc. Otro testimonio invalorable lo proporcionó el descubrimiento de la biblioteca del rey asirio Arsubanipal, que contenía varios millares de tablillas escritas, se calcula, hace más de res mil años, y en las que se describen varios centenares de plantas.
  Por ejemplo, una antigua tabla sumeria aconsejaba recetas tales como: "... Aplástense hasta convertirse en polvo las semillas de la hierba del carpintero, la resina gomosa del markasí, y el tomillo, disuélvanse en lodo de cerveza (la actual levadura de cerveza) y dársela de tomar al hombre enfermo...".

 

LA FITOTERAPIA EN LA INDIA:

 A partir de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo hace 50 años en la India, se han podido descubrir las ciudades de Mohenjo-Daro y Harapaen donde se pudieron encontrar escritos y grabados referidos al empleo de plantas medicinales. Se trata de poemas épicos conocidos como Vedas. Estos escritos se cree corresponderían entre los años 1.500 - 1.000 a.C. y hacen mención de las plantas aromáticas para su uso alimenticio:  jenjibre, nuez moscada, pimienta, regaliz, albahaca, comino, azafrán, ajo, etc.
 respecto al azafrán debe mencionarse que se trataba de una planta muy utilizada también por los egipcios los cuales la empleaban para aliviar calambres y cólicos digestivos.
 Es bueno recordar que en la India quienes ejercían la medicina eran los Brahmanes (sacerdotes de gran prestigio, pertenecientes a la primera de las cuatro castas en las que se dividía el pueblo hindú). Consideraban que el hombre era una unidad psicofísica-espiritual, y quien podía y quien podía cuidar la salud del espíritu, también podía encargarse de cuidar la salud corporal. En la India, como parte de un sistema integral y filosófico de vida, nace el Ayúrbeda (ayur = vida; veda = conocimiento). Los primeros textos datan de unos 2.500 años a.C., pero las sucesivas invasiones le fueron aportando nuevos conocimientos derivados fundamentalmente de las culturas persas y de los mongoles, quienes incorporaron las enseñanzas de Galeno y Avicena. En el siglo VII d. C. se crea la Universidad de Nalanda, donde miles de alumnos inician sus estudios Ayurvédicos.
 Uno de los documentos que aun se conserva es conocido con el nombre de Atharvaveda y hace mención auna planta denominada kushta (desconocida hasta la fecha) que sería útil para las cefaleas, inflamaciones oculares y dolores articulares. 
 La Charaka samhita escrita por el médico Charaka posiblemente antes del año 1000 a.C. listaba unos 500 remedios  botánicos principales que figura en la obra es la Rauwolfia serpentina, la cual se piensa que ya era utilizada hace unos 4.000 años para tratar las mordeduras de serpiente, la epilepsia y los desórdenes mentales.
 Posteriormente, la India fue invadida por los arios, quienes se apropiaron de estos conocimientos y otros más avanzados (cirugías estéticas, prótesis artificiales, etc.). Para la medicina Ayurvédica la enfermedad resulta de un desequilibrio entre el hombre (microcosmos) y su entorno (macrocosmos). Brinda un verdadero informe holístico ya que sus tratamientos son apropiados para el espíritu, el cuerpo y la mente.
 Para esta medicina existen 5 elementos: tierra, agua, fuego, aire y éter (fuerza etérea) los cuales deben equilibrarse con tres fuerzas primarias: prana (el aliento de la vida), agni (el espíritu de la luz o el fuego) y soma (indicativo de armonía, amor y bienestar). En cada individuo existirían centros de energía denominados Chakras (ubicados en diferentes sectores o vísceras del organismo), los cuales pueden ser tonificados a través de alimentos o hierbas medicinales.
 Por ejemplo, para el chakra del corazón sería útil el azafrán y la rosa; para el chakra del plexo solar (asociado con el hígado y la glándula suprarrenal) le sería útil el hidrastis y la melisa, etc. Entre las drogas más conocidas empleadas por los hindúes figuran el sándalo, la canela y el cardamomo.

9 ago 2013

¿Que es la fitomedicina?

Fitomedicina



La fitomedicina es una rama de medicina alternativa que se basa extraer las cualidades curativas en las plantas y vegetales para la sanación, que se basa en ellos para restablecer la armonía el cuerpo y encontrar el equilibrio que se necesita, en base a la terapia con hierbas medicinales. Se basa en este tipo de medicamentos naturales que pueden ser consumidos de muchas formas.
La fitomedicina estudia las propiedades de las plantas medicinales y su uso, buscando un mejor estado de las personas en cuanto a males y enfermedades, atenuando (e inclusive evitando) convalecencias. La fitomedicina se define como la medicina que emplea de forma terapéutica las plantas en forma de infusiones, decocciones, extractos u otras formas. Dentro de ella se engloban la fitofarmacología y la fitoterapia.
Las plantas medicinales son buenas para fines terapéuticos, y en esto se basa la fitomedicina, pero para poder utilizarlas es importante saber cuáles son las propiedades de las plantas y ver con qué fines deben utilizarse y en qué proporciones.
Hay muchas plantas que se pueden utilizar en la fitomedicina, por eso existen muchos expertos en esta terapia y en muchas especialidades de ella.
La fitomedicina puede curar muchos de los males del cuerpo como artritis, ansiedad, estrés, depresión, dolores de espalda, dolores reumáticos, etc. Las plantas tienen propiedades antiinflamatorias, antitumorales, para actividad hormonal. Tienen propiedades diuréticas, digestivas, expectorantes, antitusígenas, etc. Es un campo muy grande que se puede utilizar para muchas enfermedades y males, basándose en las plantas más recomendadas.