29 oct 2013

Evolución histórica de la medicina - Parte VIII

LA FITOTERAPIA EN LA EDAD MODERNA

 

 Con el advenimiento de la Edad Moderna, el avance de a ciencia promovido en principio por Galileo, Bacon, Newton y posteriormente Descartes, determinó que el mejor camino para llegar a un conocimiento efectivo y a la vez riguroso de la naturaleza debía ser llevado a cabo a través del Método Científico. De esta manera surge la era de la metodología la cual se puede definir como "aquella parte de la lógica encargada de estudiar los métodos de manera sistemática y crítica, ya sea los méto
dos empleados en las ciencias como los utilizados en la filosofía".
 Quien inicia los cuestionamientos al conocimiento imperante de la época es Galileo con su teoría de que la Tierra no era el centro del universo. Galileo propone romper con el clásico planteamiento de hacer preguntas reemplazando el porqué por el como (es más importante preguntar "como" caen las cosas que "porqué" caen las cosas).
 En este período de la edad moderna, el inglés Francis Bacon (1561-1626) sentó las bases de la ciencia moderna al aplicar para ella metodologías de investigación. En tal sentido, propuso como primera medida  eliminar todo prejuicio existente al encarar una idea. En segundo término desarrollar una base de trabajo que genere el experimento, y por último, el experimento determinara la experiencia. Así llegó a la conclusión de que sólo el experimento y la experiencia firman la base para el control práctico de la naturaleza.
 Estas bases no estarían completas sin el aporte de las matemáticas, tarea llevada a cabo más tarde por Isaac Newton (1643-1727) quien supo combinar el método inductivo-empírico con el deductivo-matemático. Asimismo, no debe omitirse el aporte de René Descartes (1596-1650) considerado el padre de la filosofía moderna, que incorpora el método deductivo, que incita primero a dudar de todo para luego encontrar las soluciones verdaderas. Así llega a su famosa frase "cogito ergo sum": yo pienso, luego existo.
 Se llega así a sostener que sólo aquello que puede ser explicado con la razón es perfectamente válido. Es la era del positivismo, filosofía sustentada en la base de que sólo el razonamiento, basado en hechos y datos obtenidos en observaciones y experimentos, puede sostener el saber o conocimiento.

 La palabra método surgió de unir dos raíces griegas: meta = hacia; odos = camino; es decir camino hacia algo, esfuerzo para alcanzar un fin. De alguna manera, el método científico logra colocar como trasgresor a todo aquel que no podía explicar "científicamente"  las propiedades terapéuticas o curativas de determinada sustancia; es así que el conocimiento transgresor da lugar al nacimiento del empirismo. Sin embargo, el método científico partía del conocimiento empírico, pero trataba de darle u marco de lógica o de referencia comprobable por mecanismos ideológicos-filosóficos. Decía A. Huxley "aquellos que renuncian a ir más allá de los hechos raramente obtienen otra cosa que los hechos". 

 No obstante, y más allá de cuestiones filosofales, durante los siglos XVI y XVII y paralelamente a una caída de la autoridad eclesiástica en el mundo, muchos médicos retoman la obra de Dioscórides y comienzan a profundizar en ella. Paralelamente, surgen nuevas investigaciones que echan por tierra viejas creencias. Es el caso de William Harvey (1578-1657) quien descubre que el corazón es el órgano bombeador de sangre hacia toda la economía del cuerpo (contrariamente a lo que sostenía Galeno). Por otra parte, surgen obras de importantes investigadores como la perteneciente a William Turner en 1568, John Gerard (1597), John  Parkinson (1640) y Nicolas Culpeper (1652) en donde se describían no sólo vegetales sino preparaciones en base a animales (venenos de serpientes, cálculos biliares de vacunos, cuernos de ciervo, lombrices, etc.). 
 A principios del siglo XVII se crea en Inglaterra la Farmacopea Londinense, origen de la Farmacopea Británica actual y en 1638 en Francia, es creado el Códex Medicamentarius Gallicus. 
Ambas obras, junto a las Farmacopeas e Portugal y España, fueron referentes del saber médico en muchas otras regiones (incluido el nuevo continente) habiendo incorporado muchas hierbas medicinales, a pesar de que no se conocían muy bien sus dosis terapéuticas y sus dosis tóxicas. 
 Para evitar problemas de toxicidad o mal uso de las hierbas por parte de la gente común, William Turner y Nicholas Culpeper escribieron sus obras en inglés (y no en latín como solían hacer los científicos de la época) lo cual les trajo innumerables problemas con las autoridades del recientemente creado College of Phisicians. Entre estos médicos quien quizás más se destacó fue Nicolás Culpeper (1616-1654) quien defendió gran parte de las teorías de Paracelso además de rescatar la obra de Dioscórides, la de la medicina árabe e incorporar los conocimientos astrológicos aplicables a las plantas. 
  En el frontispicio de su obra titulada El Médico Inglés menciona no sólo el tratamiento con hierbas que crecen en Gran Bretaña, sino que aporta importantes conocimientos de fisiología e higiene. Cuando es herido sobre la Guerra Civil Inglesa contra en Commonwealth, es trasladado al hospital y observa las carencias de estos centros de atención sanitaria. Fue así que se transforma en un gran defensor de los derechos ciudadanos de acceder a la salud pública, atento a que la mayoría de la población no podía pagar una consulta médica privada. 
 A él se le debe la publicación en Norteamérica del primer herbario, hacia el año 1700. La mayoría de los médicos que conocían el uso de la plantas medicinales, comienzan a legislar leyes que castigaban a sus "competidores" no médicos, abriéndose una brecha importante entre el saber científico y el folclórico. El expendio y venta de hierbas queda bajo el riguroso manejo de boticarios o herbolarios académicos. 
 En cambio, los médicos que no utilizaban plantas medicinales insistían en el uso del mercurio, la quinina y el arsénico los cuales crearon múltiples intoxicaciones. Por ejemplo, el mercurio contribuyó a la muerte del rey Carlos II en 1685 y a la de George Washington en 1799. Era común que los pacientes afectos de sífilis recibieran altas dosis de un purgante conocido como calomel basado en su totalidad en cloruro de mercurio. El exceso de purgas y sangrías configuraron la denominada "medicina heroica" cuyo principal exponente, el Dr. Benjamín Rush (1745-1813) sostenía que para la práctica médica sólo se necesitaban dos cosas: sangrías y calomel. 
 Esto motivó a a que muchos investigadores y médicos replantearan cuál era la "medicina oficial" que debía ser implementada en la enseñanza universitaria. Uno de esos cuestionadores fue el alemán Samuel Hahnemann (1755-1843) quien creyó conveniente utilizar sustancias tóxicas en forma diluida y convenientemente dinamizada para tratar las diferentes enfermedades. 

 El sistema homeopático se basa en el principio de tratar la enfermedad con la misma sustancia que la provoca, pero a dosis diluidas (infinitesimales). Para ello, Hahnemann comenzó sus investigaciones con la quinina, siguió con el mercurio, luego el arsénico y finalmente con otro tipo de sustancias: minerales, vegetales, animales, etc., dando origen así a un revolucionario método que aún perdura en nuestros días y que se conoce con el nombre de Homeopatía (Homeo = similar; Pathos = enfermedad, es decir curar a través del similar). 
 Su libro, el Órganon, se considera la obra cumbre de la medicina del siglo XVIII y crea un nuevo concepto en el tratamiento de las enfermedades preservando los fundamentos Hipocráticos que consideran más importante al enfermo que a la enfermedad y rescatando el principio de "Primun non Nocere" (lo primero es no dañar). Posteriormente, Hahnemann fue incorporando nuevas plantas hasta llegar a un total de casi 400 hierbas, la mayoría de Europa Central, probadas en el hombre a través del método dinamizado. 

 Una de las primeras plantas reconocida científicamente por sus bondades terapeúticas fue la digital. Cuenta la historia que una paciente que sufría de hidropesía por trastornos cardíacos prueba una receta basada en una antigua receta familiar que la contenía. Al observar el excelente resultado del brebaje, decide comunicárselo a su médico de cabecera, el Dr. William Witherin quien hasta ese momento había fracasado continuamente con los tratamientos instaurados en su paciente. En vista del éxito obtenido, comienza él mismo a recomendar esta planta y en el año 1785 publica un libro titulado Account of the Foxglobe and Some of his Medical Uses, en el que relata 200 casos de hidropesía asociados a insuficiencia cardíaca. Asimismo, revela las partes de la planta que contienen mayor cantidad de principio activo, época de recolección y dosis óptima (muy cercana a la dosis tóxica). 
 El alemán Cristoph Hufeland, nacido en Turingia en 1762 y su compatriota Heinrich Lahmann, fueron grandes preconizadores de los tratamientos por métodos naturales. Este último creó en 1887 un sanatorio naturista cerca de la localidad de Dresden que alcanzó notoriedad mundial. También merece destacarse la labor del médico cirujano alemán Augusto Bier (inventor de la anestesia endovenosa y la raquitomía) quien dejó su especialidad y se abocó a la difusión de la homeopatía y de la medicina natural. Otro ejemplo lo construyó el sueco Maximilian Bircher Brenner, quien fue el primero en preconizar la importancia de la ingesta de vegetales crudos. 
 Muchos médicos europeos lentamente de comenzaron a emigrar hacia el Nuevo Mundo y poco a poco fueron adquiriendo el conocimiento de las plantas autóctonas. Así fueron incorporados al arsenal terapéutico remedios vegetales tales como la dragontea, el sasafrás, el olmo, el lino azul, la vara de oro, etc. 
 Tras la muerte de George Washington, víctima del mercurio como hemos visto, hubo una especie de rebelión médica en norteamérica contra los tratamientos ortodoxos, encabezada por Samuel Thompson (1769-1843), quienes trataron de revalorizar los tratamientos a base de vegetales. Este médico se nutrió del conocimiento indígena en gran medida y popularizó el uso de plantas como la cayena, la serpentaria y la lobelia. 

 Thompson fue el fundador de la Fisiomedicina y propuso la teoría acerca de que "todas las enfermedades se debían al frío", lo cual no suena tan descabellado si observamos que su labor se desarrolló en el territorio de Nueva Inglaterra donde los inviernos diezmaban a la población. Se calculó en 1830 que alrededor de 3 millones de personas adherían las teorías de Thompson. En 1864, sus seguidores europeos crean la National Association of Medical Herbalist, la organización oficial más antigua de Europa en cuanto a fitoterapia se refiere. 

 A principios del siglo XIX, la medicina occidental comienza a influir en Oriente, sobre todo en las prácticas chinas e hindúes. Con la llegada de los ingleses a la India, comienza a desplazarse la medicina ayurvédica de la enseñanza universitaria, considerándose a ese saber como "una práctica inferior". En cambio en China, el flujo de ideas occidentales fue menos traumático y enriquecedor para ambas partes. 
 En Europa surgen grandes defensores de la salud por métodos naturales, como Sebastian Kneipp (1821-1897) y posteriormente Johann Künzle (1857-1945). En 1864 se crea en el norte de Inglaterra el National Institute of Medical Herbalists, la primera entidad profesional de fitoterapia en el mundo. En tanto en América, el conocimiento herbario aun se centraba en la figura del hechicero o "chamán" el cual por medio de rituales que incluían danzas y "fumatas" de tabaco o peyote, les permitía entrar en trance y de esta manera "viajar espiritualmente" en busca del alma de la persona enferma a efectos de rescatarla y curarla. 
 Cabe hacer notar que el tabaco era utilizado por los nativos sólo como elemento ceremonial. Entre las sustancias que les permitía entrar en estado de trance figuran el yage, la ayahuasca, el agárico, el beleño, la belladona, bayas de espino o mandrágora (nótese la gran cantidad de sustancias o compuestos tóxicos y alcaloides que contienen las mismas).
 En 1830 había surgido un movimiento en Norteamérica basado en el empleo de las plantas medicinales, de acuerdo con las prácticas recopiladas de los indígenas, combinadas con prácticas ortodoxas, siendo su pionero el Doctor Wooster Beech (1794-1868). Este movimiento se denominó eclectismo y en la cumbre de su popularidad llegó a contar con más e 20.000 practicantes calificados en Estados Unidos. Beech supo mancomunar los avances científicos de la época con el correcto uso de las plantas medicinales, rechazando en parte las teorías de Thompson por considerarlas demasiado simplistas. 
 Lentamente fue desplazando a la medicina "oficial" al punto que se tuvo que realizar un debate en 1907 para determinar a que escuela médica debían destinarse los fondos de los filántropos que sostenían la medicina en ese entonces: Andrew Carnegie y John D. Rockefeller. Finalmente se optó por privilegiar la medicina oficial y lentamente el eclectismo fue perdiendo fuerza. 
 En el año 1906 aparece un tal Dr. Charubel quien publica un libro que hablaba sobre la curación de las enfermedad esa a través de las plantas y minerales, pero con un enfoque distinto: el mecanismo de acción terapéutico de las plantas y minerales se centraría en el plano espiritual. Indicó el uso de 39 plantas que actuaban en la esfera psíquica, aparte de 3 metales y 11 piedras preciosas. Un discípulo de él, el Dr. Rudolph Steitner amplía la obra con mayor cantidad de minerales y plantas (entre ellas el muérdago) y da origen a la denominada Medicina Antroposófica que aun hoy perdura. 
 En el siglo XIX, Un joven aprendiz de farmacia en Alemania llamado Friedrich Serturner aisla del opio una sustancia a la que se denominó: morfina. Posteriormente, en 1819 se aisla la atropina y la hioscina de la belladona; en 1820 se aisla la quinina de la corteza de la quina; en 1827 la salicilina de la ulmaria; en 1829 la emetina de la ipecacuana; y en 1860 la cocaína de las hojas de coca.
 Finalmente en 1828, Friedrich Wohler produce la síntesis de la urea a partir de una sustancia inorgánica (el cianato de amonio), dando comienzo así a una nueva etapa de la medicina, en la cual por primera vez se prescinde de la obtención de un compuesto proveniente de un vegetal. 
 Los soplos de libertad que fueron apareciendo tras la ola de independencias en los países americanos, dieron el marco apropiado para la creación de farmacopeas propias. Fue así que en 1820 se crea la primer farmacopea americana titulada: "Farmacopea de los Estados Unidos de Norteamérica". A continuación surge la de México y en América del Sur es Chile el primer país en contar con farmacopea propia, lo cual acontece en 1886. En 1898 surgen las de Argentina y Venezuela y en 1926 la de Brasil. La necesidad de crear normas para la buena preparación de remedios dio origen a la palabra farmacopea, término derivado del griego Pharmakon (droga) y poeia (hago, preparo).

23 oct 2013

Evolución Histórica de la fitomedicina - Parte VII

LA FITOTERAPIA EN LA ÉPOCA DEL RENACIMIENTO

 

 En esta época el hombre toma conciencia de los cambios acaecidos en el mundo y comienza a relevarse contra los principios propuestos por el sistema imperante, forjando así sus propias ideas. Hasta ese momento la filosofía y la religión habían caminado juntas, pero el advenimiento de nuevos descubrimientos, tales como la brújula (permitía salir con mayor certeza a la aventura oceánica), la pólvora (que puso en jaque el poder de los caballeros de la edad media) y la imprenta (permitió masificar los nuevos conocimientos) le dieron a esta etapa de la historia una dinámica diferente. 
 La llegada de la imprenta le dio gran impulso a la difusión del conocimiento herbario. Otto Brunfels (1489-1543), monje cartujo y posteriormente médico en Berna, publica el primer herbario ilustrado con plantas grabadas en madera. La tecnología le fue agregando mayor colorido a estos gráficos, y se destacan en ese sentido las obras ilustradas de Hieronymus Bock, Andrea Cesalpino y Leonard Fuchs. Sin embargo, este explosivo despliegue de libertad espiritual representaba un peligro para la fuerte cultura tradicional de los gobernantes. Los viajes de Colón a América permiten conocer una nueva flora y nuevas aplicaciones terapéuticas de las plantas. Llamativamente, los nativos de América tenían para entonces una expectativa de vida superior a la del europeo, en vista del hacinamiento de las ciudades medievales, sus cloacas abiertas y las bajas condiciones de higiene. 
 Durante estos años, figuras como Copérnico, Kepler y más tarde Galileo, dieron origen a lo que se ha dado en llamar las Ciencias Naturales, y fue éste quizás el momento en que la filosofía y la religión deciden separarse y tomar caminos propios. La iglesia como institución, no podía dar una respuesta intelectual a tantos cambios, por lo tanto no tuvo más remedio que censurar a la incipiente ciencia y restarle veracidad. 
 Surge en esta época la reforma en la Iglesia que da lugar a fanatismos religiosos por ambos lados y comienza a forjarse como institución propia y mandataria la llamada Santa Inquisición. Como fuimos observando, la atención médica de esta época dejaba bastante que desear ya que eran muy pocos los que podían acceder a ella. De esta manera fueron apareciendo los primeros curanderos quienes poseían conocimientos herbarios notables y solían ser muy populares entre aquellos pobladores carentes de recursos. 
 Lógicamente, los curanderos eran muy mal vistos por la Iglesia (la que atribuía junto a los pocos médicos reconocidos, autoridad sanitaria) comenzando de esta manera la primera "caza de brujas". Este proceso comenzó lentamente en la Edad Media y tuvo su punto culminante en la época del Renacimiento. Según los historiadores, fueron casi diez millones las víctimas sometidas a todo tipo de tormentos y quemadas vivas en hogueras. La inquisición consideraba al curandero o hechicero como fruto del demonio al osar desviar la credulidad de la gente respecto a la autoridad de la Iglesia. Decía William Perkins, famoso inquisidor inglés de entonces: "Sería mil veces mejor para el país si todos los hechiceros muriesen. La muerte sería su justo y digno fin". 
 Para el hombre común de la época, la hechicera no ni era más ni menos que una mujer sabia en cuanto al conocimiento de plantas se refiere, que sabía aconsejar bien el momento preciso y que se contaba con ella en los momentos de apremio.  Para la Iglesia era un elemento desestabilizador de su autoridad, estrechamente relacionada con creencias ateas y heréticas y solo e fuego podía purificar su alma. 
 Jules Michelet en el año 1862 encuadró a la bruja como un personaje ineludible perteneciente a la sociedad y la define como " ...una revoltosa social que protesta contra el orden deshumano y la condición inferior de la mujer". Eran acusadas de preparar ungüentos, pomadas, polvos y venenos capaces de transformar la conducta humana. Uno de los famosos ungüentos que "les permitía volar" estaba compuesto por beleño negro, belladona, cicuta y mandrágora, todas plantas consideradas sagradas durante cientos de años. 

 Para el inquisidor general español Fernando de Valdés "...habría que aplicar a las brujas un castigo proporcionado a la calidad de la imaginación o el propósito que tuvieran para apartarse de nuestra fe y atribuir al demonio la honra que a sólo a Dios debe". Uno de los tres inquisidores de Logroño, Alonso de Salazar, en su excursión por tierras vascas dio a conocer 1802 confesiones de brujería, de las que 1384 correspondían a niños entre 7 y 14 años.

Indudablemente el médico no existía en la población. Poseía una cultura diferente a la mayoría de la gente pobre y sus honorarios eran prácticamente inalcanzables. Del mismo modo, la Iglesia consideraba como "extraño" a todo aquel que tuviera conocimientos curativos sin ser médico médico o religioso. Para ella, la idea de salvación espiritual era más importante que la de curación de la enfermedad. Incluso, fueron perseguidos por médicos de origen judío a los que la Iglesia consideraba como responsables de epidemias y otras calamidades (solamente en la ciudad e Estrasburgo se mataron 2000 judíos). Asimismo los astrónomos y físicos eran mal vistos. El mismo Galileo tuvo que renunciar a la idea que había difundido acerca de que la tierra gira alrededor del sol, so pena de ser condenado a muerte. La Iglesia tardó más de tres siglos en reconocer este error.
 Al respecto, comenta Ricardo García Carcel: "... la alquimia no fue perseguida mientras se creyó en su viabilidad. Cuando en el siglo XVII la obtención de metales preciosos por procedimientos alquímicos se revela imposible, la Inquisición procesa a alquimistas como Melchor Agramunt, ya que pretendía hacer plata del azoque lo cual resulta frustrante y, como tal, prohibido por le Santo Oficio". De esta lectura se desprende que la Inquisición parecía perseguir más que los medios o fines, los resultados. Se le podría perdonar casi todo a una bruja, menos que sus "poderes" fueran falibles y, por ende, generadores de frustración. 
 En síntesis, la utilización de las plantas medicinales cae en un terreno oscuro con profundos cuestionamientos sobre todo eclesiásticos, en donde a pesar de todo se destacan honrosas excepciones como la de los médicos de las escuelas de Salerno, Florencia y el controvertido Paracelso. En 1498, la escuela de Florencia redacta el célebre Recetario Florentino, una especie de vademécum terapéutico escrito por médicos y farmacéuticos. 
 Por su parte, Aureolus Philippus Teophrastus Bombastus von Hohenheim (Paracelso, cuyo significado era "mejor que Celso, el médico romano") llegó a declarar que todo su conocimiento médico se lo debía "a la sabiduría de las brujas" ya que de Galeno o Hipócrates no había aprendido nada, en un claro reto al conocimiento medio clásico. También señaló, en contraposición a los textos médicos de entonces, que renegaba del saber por imposición y que "... un médico lo que necesita no es elocuencia ni saber de lenguas o de libros, sino un profundo conocimiento de la obra de la naturaleza (...) nuestros prados y montes son nuestra farmacia". 
 Nacido en Ensiedeln,  un cantón suizo de Schwyz (1493-1541), hijo de padre médico, fue el propulsor de la denominada Teoría de las Signaturas la cual establecía que Dios había creado plantas y frutos morfológicamente similares a los órganos en donde actuarían terapéuticamente. 
 Por ejemplo: la nuez era ideal para el cerebro, la mandrágora sería esencial para dar vitalidad al hombre (por su apariencia humana), la pulmonaria sería útil para las enfermedades del pulmón; las hojas redondas del pie de león para el cerebro por la forma "cerebrada" que tienen; las flores de color amarillo para la ictericia (como las de la celidonia o las del diente de león), los tubérculos de las orquídeas para las enfermedades testiculares (de ahí la palabra orquitis), la utricularia (planta acuática cuyas hojas tienen forma de vejiga) para las enfermedades urinarias, etc. 
 En su juventud había trabajado en minas de mercurio, por lo que propició el uso del mismo para tratar ciertas enfermedades igual que con el antimonio. Con respecto a los tóxicos, fue famosa su frase que decía "... depende sólo de la dosis que un veneno sea veneno o medicamento". Preconizó la importancia de la alquimia, ciencia que estaba muy arraigada en el mundo islámico, pero que funcionó siempre al margen de la ciencia oficial. A ella se le debe la preparación de alcoholaturas y procesos tales como la destilación, sublimación y calcinación. Asimismo intentó, en vano, la transmutación de los metales innobles en oro como así también la búsqueda de la inmortalidad. 

 En 1527, según cuenta la tradición, yacía en cama víctima de una infección en una pierna Johan Froben, un respetable erudito e impresor y amigo de gente influenciable, como el gran teólogo y humanista holandés Erasmo. Los ocho médicos que le habían visitado diagnosticaron que lo mejor para su salud era amputarle la pierna afectada.  Nada tan terrible para Froben, un hombre acostumbrado a gozar de las caminatas por las montañas aledañas a Basilea. Fue así que conocida la fama de Paracelso y su arte no convencional de tratar los enfermos, lo invitan a viajar 100 kms a caballo para visitar a Froben. 
 La primer medida que tomó Paracelso al entrevistar a su paciente, fue cambiarle la cama blanda donde yacía, por un colchón de paja sobre el suelo. Le ordenó a su cocinero personal un cambio sustancial en la dieta, a base de jugos de frutas y vegetales. Le recomendó la toma de infusiones en base a hierbas medicinales y sugirió a sus familiares que diariamente lo sacaran del cuarto donde yacía y le hicieran tomar aire fresco y sol. Invitó también a un músico para que ejecutara el laúd en aquellos momentos en que Froben se sintiera angustiado o depresivo. 
  Lentamente la pierna fue mejorando y hacia el día 13 de tratamiento Froben ya caminaba asistido por un bastón en su jardín. Admirado de su mejoría, no solo en su pierna sino en su estado general, se comunicó con su amigo Erasmo y de esta manera Paracelso fue nombrado médico de la ciudad de Basilea y profesor de Medicina en la universidad de esa ciudad. 

 Paracelso fue un gran crítico del sistema de educación médica imperante en Europa, que seguía las ideas de Galeno. En la Universidad de Basilea, un día llegó a decir ante sus colegas: "... Hay más sabiduría en mis zapatos de viajero que en todos los textos de medicina actuales". Previamente a ello, había mandado quemar todos los textos médicos de Galeno. Con el correr del tiempo y debido a sus (para entonces) tratamientos misteriosos y la agresividad con la que defendía sus ideas,  se ganó la antipatía de muchos colegas,  al punto de tener que abandonar Basilea y empezar una vida ambulante de ciudad en ciudad. 
 Creyó en la idea en la cual el hombre es un ser que está unido inseparadamente con el universo y que, en su constitución, estaría compuesto por tres sustancias: mercurio, azufre y sal. Estas tres sustancias representaban el modo de comportamiento de la materia: el mercurio era lo volátil, aquello que se transformaba en humo (elemento agua); el azufre el combustible que originaba la llama (elemento fuego); y la sal representaba la resistencia al fuego, lo que quedaba de las cenizas (elemento tierra). El ordenamiento de estas tres sustancias estaba determinado por una fuerza vital interna a la cual denominó "arqueo". 
  Como ya se señaló anteriormente, Paracelso fue un gran observador de los fenómenos naturales, al punto de señalar que "... la medicina se funda en la naturaleza; la naturaleza es la medicina y solamente en aquella deben buscarla los hombres. La naturaleza es la maestra del médico, ya que ella es más antigua que él y ella existe dentro y fuera del hombre...". 
Consideró también que dentro de cada organismo existía una fuerza curativa que podía ser aislada con los elementos de la alquimia que él proponía. Estos trabajos  provocaron una fuerte división en el mundo científico, hecho que perduró durante el siglo siguiente. Paracelso murió en 1541 a la edad de 48 años, en circunstancias misteriosas  (se piensa fue mandado a matar por una conjura médica disidente con su labor). 
 Cinco años después de la muerte de Paracelso, en 1546, el colegio de Boticarios de Zaragoza publica la "Concordia Aromatoriorum  Civitatis Cesarauguste", uno de los primeros códigos de prescripciones farmacéuticas de Europa. En 1560 surge en Amberes por primera vez la palabra Farmacopea a partir de las investigaciones de Johanes Brettschneider quien escribe la obra  "Pharmacopea in Compendium Redacta". 
 Con el descubrimiento de América,  se fueron incorporando nuevas medicinas en Europa producto del conocimiento de los aborígenes. Es así que se incorpora la quina para el tratamiento de la malaria y el mercurio en el tratamiento de la sífilis. Es en 1574 donde por primera vez se describe la planta del tabaco, en la obra de Nicolás Monardes acerca de sustancias medicamentosas de origen americano. 
 El siglo XVI está enmarcado con los conocimientos aportados en el campo de la anatomía por Andrés Vesalio quien perfeccionó y profundizó los antiguos esquemas provenientes de las disecciones realizadas en la Universidad de Bolonia en el siglo XII. Incluso corrigió los escritos de anatomía de las obras de Galeno en quien se había inspirado. Como es posible analizar, la anatomía se convirtió en la única rama de la medicina con fundamento científico; de esta manera, las artes médicas se consolidaron en el estudio de la naturaleza muerta y no de la viviente. Así, las plantas quedaron como elementos del ocultismo y carentes de todo rigor científico.

17 oct 2013

Evolución histórica de la fitomedicina - Parte VI

LA FITOTERAPIA EN LA ÉPOCA MEDIEVAL

 

 En esta época, la medicina sufrió un proceso de estancamiento ya que eran muy pocos los que podían tener acceso a las obras escritas en árabe, griego y latín. Precisamente los monjes y clérigos tuvieron un papel importante en su difusión, al punto de ser considerados como médicos. En los primitivos monasterios cristianos, los monjes tenían como legado primordial (según la regla fundacional) traducir y copiar manuscritos antiguos griegos y romanos. De esta manera se pudieron conocer hasta nuestros días, las obras clásicas de Hipócrates, Galeno o Dioscórides. En esta ardua tarea tuvieron gran importancia los monjes benedictinos quienes acopiaron valiosos coonocimiento a través del desarrollo de huertos, campos y dehesas. 

 En los monasterios aparecieron los primeros jardines de hierbas medicinales, y se destacan los monasterios de St. Gallen (Francia), construído en el año 829 y el de Schaffhausen (Alemania). Este último, con el correr de los años fue tomando gran relieve, hasta ser orientado y dirigido en el siglo XVI por Leonhard Fuchs, considerado uno de los padres de la botánica. Dentro del ámbito monacal, surgieron personalidades importantes en el manejo de las hierbas medicinales, tales como el obispo de Regensburg, Alberto Magnus; el abad del monasterio de Reichenau, Walafried Strabo y el caso de una mujer, la abadesa Hildegard Von Bingen más conocida como la "Santa Hildegarda".

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) nació en Bockelheim, Alemania. Fundó el monasterio benedictino de Rupertsberg en 1147. Aunque inicialmente se dedicó a escribir poesías de tipo místico, más tarde publicó dos libros titulados Liber simplicis medicinae y Liber compositae medicina en donde realizó interesantes aportes no sólo para el conocimiento  de las hierbas medicinales, sino tambiénpara el enfoque que ha de implementarse frente al hombre enfermo, al cual hay que abordarlo desde un modo integral (cuerpo y espíritu). Así dió origen al concepto de holismo que tan en boga manifiesta la medicina naturista. 

 Los clérigos solían preparar vinos o licores con varias plantas medicinales, tarea que aún hoy continúa y que se suelen ofrecer alos visitantes de sus monasterios (por ejemplo los famosos licores monacales). Excavaciones recientes llevadas a cabo en lo que fue un hospital religioso en el siglo XI en Escocia, dan cuenta que los monjes utilizaban hierbas exóticas com la adormidera y la marihuana com analgésicos y anestésicos. 
 Es en la edad media donde comienza a titularse y oficializarsela enseñanza de la medicina, cuyas primeras reglamentacionescorresponden a ordenanzas que el rey Federico II promulgó entre 1212 y 1250 para el reino de Sicilia. No es de extrañar entonces que fuera Italia, residencia de los Papas, la que mayor cantidad de sedes con autonomía docente médica presentaba entonces. Se destacaban las de Bolonia, Reggio-Emilia, Vicenza, Arezzo, Padua y Salerno. Quizás esta última puede considerarse como la más importante ya que permitió el ingreso a estudiantes de todas la creencias (cristianos, musulmanes y judíos) y además permitió ejercer la práctica a las mujeres. 
 En Inglaterra, durante el reinado de Enrique VIII, el recientemente formado Colegio de Médicos decretó que todo aquel que tuviera conocimiento de las propiedades curativas de las plantas medicinales, podría utilizar ese conocimiento en bien de la comunidad luego de solicitar el correspondiente permiso ante ese colegio. De esta manera surgieron los primeros Herbolarios a quienes años más tarde se les "recortó" el permiso el permiso de recetar, limitándolos a la tarea exclusiva de vender plantas medicinales, dando así comienzo a las primeras farmacias. 
 Dentro de la estructura feudal de la sociedad, la atención médica dependía del estrato social del paciente. Los ricos y nobles eran atendidos por médicos de la corte, los ciudadanos medios eran atendidos a domicilio (y así surgió el inicio del médico de cabecera o familiar) y los pobres, esclavos y siervos eran recogidos (más que asisitidos) en hospitales públicos.