23 oct 2013

Evolución Histórica de la fitomedicina - Parte VII

LA FITOTERAPIA EN LA ÉPOCA DEL RENACIMIENTO

 

 En esta época el hombre toma conciencia de los cambios acaecidos en el mundo y comienza a relevarse contra los principios propuestos por el sistema imperante, forjando así sus propias ideas. Hasta ese momento la filosofía y la religión habían caminado juntas, pero el advenimiento de nuevos descubrimientos, tales como la brújula (permitía salir con mayor certeza a la aventura oceánica), la pólvora (que puso en jaque el poder de los caballeros de la edad media) y la imprenta (permitió masificar los nuevos conocimientos) le dieron a esta etapa de la historia una dinámica diferente. 
 La llegada de la imprenta le dio gran impulso a la difusión del conocimiento herbario. Otto Brunfels (1489-1543), monje cartujo y posteriormente médico en Berna, publica el primer herbario ilustrado con plantas grabadas en madera. La tecnología le fue agregando mayor colorido a estos gráficos, y se destacan en ese sentido las obras ilustradas de Hieronymus Bock, Andrea Cesalpino y Leonard Fuchs. Sin embargo, este explosivo despliegue de libertad espiritual representaba un peligro para la fuerte cultura tradicional de los gobernantes. Los viajes de Colón a América permiten conocer una nueva flora y nuevas aplicaciones terapéuticas de las plantas. Llamativamente, los nativos de América tenían para entonces una expectativa de vida superior a la del europeo, en vista del hacinamiento de las ciudades medievales, sus cloacas abiertas y las bajas condiciones de higiene. 
 Durante estos años, figuras como Copérnico, Kepler y más tarde Galileo, dieron origen a lo que se ha dado en llamar las Ciencias Naturales, y fue éste quizás el momento en que la filosofía y la religión deciden separarse y tomar caminos propios. La iglesia como institución, no podía dar una respuesta intelectual a tantos cambios, por lo tanto no tuvo más remedio que censurar a la incipiente ciencia y restarle veracidad. 
 Surge en esta época la reforma en la Iglesia que da lugar a fanatismos religiosos por ambos lados y comienza a forjarse como institución propia y mandataria la llamada Santa Inquisición. Como fuimos observando, la atención médica de esta época dejaba bastante que desear ya que eran muy pocos los que podían acceder a ella. De esta manera fueron apareciendo los primeros curanderos quienes poseían conocimientos herbarios notables y solían ser muy populares entre aquellos pobladores carentes de recursos. 
 Lógicamente, los curanderos eran muy mal vistos por la Iglesia (la que atribuía junto a los pocos médicos reconocidos, autoridad sanitaria) comenzando de esta manera la primera "caza de brujas". Este proceso comenzó lentamente en la Edad Media y tuvo su punto culminante en la época del Renacimiento. Según los historiadores, fueron casi diez millones las víctimas sometidas a todo tipo de tormentos y quemadas vivas en hogueras. La inquisición consideraba al curandero o hechicero como fruto del demonio al osar desviar la credulidad de la gente respecto a la autoridad de la Iglesia. Decía William Perkins, famoso inquisidor inglés de entonces: "Sería mil veces mejor para el país si todos los hechiceros muriesen. La muerte sería su justo y digno fin". 
 Para el hombre común de la época, la hechicera no ni era más ni menos que una mujer sabia en cuanto al conocimiento de plantas se refiere, que sabía aconsejar bien el momento preciso y que se contaba con ella en los momentos de apremio.  Para la Iglesia era un elemento desestabilizador de su autoridad, estrechamente relacionada con creencias ateas y heréticas y solo e fuego podía purificar su alma. 
 Jules Michelet en el año 1862 encuadró a la bruja como un personaje ineludible perteneciente a la sociedad y la define como " ...una revoltosa social que protesta contra el orden deshumano y la condición inferior de la mujer". Eran acusadas de preparar ungüentos, pomadas, polvos y venenos capaces de transformar la conducta humana. Uno de los famosos ungüentos que "les permitía volar" estaba compuesto por beleño negro, belladona, cicuta y mandrágora, todas plantas consideradas sagradas durante cientos de años. 

 Para el inquisidor general español Fernando de Valdés "...habría que aplicar a las brujas un castigo proporcionado a la calidad de la imaginación o el propósito que tuvieran para apartarse de nuestra fe y atribuir al demonio la honra que a sólo a Dios debe". Uno de los tres inquisidores de Logroño, Alonso de Salazar, en su excursión por tierras vascas dio a conocer 1802 confesiones de brujería, de las que 1384 correspondían a niños entre 7 y 14 años.

Indudablemente el médico no existía en la población. Poseía una cultura diferente a la mayoría de la gente pobre y sus honorarios eran prácticamente inalcanzables. Del mismo modo, la Iglesia consideraba como "extraño" a todo aquel que tuviera conocimientos curativos sin ser médico médico o religioso. Para ella, la idea de salvación espiritual era más importante que la de curación de la enfermedad. Incluso, fueron perseguidos por médicos de origen judío a los que la Iglesia consideraba como responsables de epidemias y otras calamidades (solamente en la ciudad e Estrasburgo se mataron 2000 judíos). Asimismo los astrónomos y físicos eran mal vistos. El mismo Galileo tuvo que renunciar a la idea que había difundido acerca de que la tierra gira alrededor del sol, so pena de ser condenado a muerte. La Iglesia tardó más de tres siglos en reconocer este error.
 Al respecto, comenta Ricardo García Carcel: "... la alquimia no fue perseguida mientras se creyó en su viabilidad. Cuando en el siglo XVII la obtención de metales preciosos por procedimientos alquímicos se revela imposible, la Inquisición procesa a alquimistas como Melchor Agramunt, ya que pretendía hacer plata del azoque lo cual resulta frustrante y, como tal, prohibido por le Santo Oficio". De esta lectura se desprende que la Inquisición parecía perseguir más que los medios o fines, los resultados. Se le podría perdonar casi todo a una bruja, menos que sus "poderes" fueran falibles y, por ende, generadores de frustración. 
 En síntesis, la utilización de las plantas medicinales cae en un terreno oscuro con profundos cuestionamientos sobre todo eclesiásticos, en donde a pesar de todo se destacan honrosas excepciones como la de los médicos de las escuelas de Salerno, Florencia y el controvertido Paracelso. En 1498, la escuela de Florencia redacta el célebre Recetario Florentino, una especie de vademécum terapéutico escrito por médicos y farmacéuticos. 
 Por su parte, Aureolus Philippus Teophrastus Bombastus von Hohenheim (Paracelso, cuyo significado era "mejor que Celso, el médico romano") llegó a declarar que todo su conocimiento médico se lo debía "a la sabiduría de las brujas" ya que de Galeno o Hipócrates no había aprendido nada, en un claro reto al conocimiento medio clásico. También señaló, en contraposición a los textos médicos de entonces, que renegaba del saber por imposición y que "... un médico lo que necesita no es elocuencia ni saber de lenguas o de libros, sino un profundo conocimiento de la obra de la naturaleza (...) nuestros prados y montes son nuestra farmacia". 
 Nacido en Ensiedeln,  un cantón suizo de Schwyz (1493-1541), hijo de padre médico, fue el propulsor de la denominada Teoría de las Signaturas la cual establecía que Dios había creado plantas y frutos morfológicamente similares a los órganos en donde actuarían terapéuticamente. 
 Por ejemplo: la nuez era ideal para el cerebro, la mandrágora sería esencial para dar vitalidad al hombre (por su apariencia humana), la pulmonaria sería útil para las enfermedades del pulmón; las hojas redondas del pie de león para el cerebro por la forma "cerebrada" que tienen; las flores de color amarillo para la ictericia (como las de la celidonia o las del diente de león), los tubérculos de las orquídeas para las enfermedades testiculares (de ahí la palabra orquitis), la utricularia (planta acuática cuyas hojas tienen forma de vejiga) para las enfermedades urinarias, etc. 
 En su juventud había trabajado en minas de mercurio, por lo que propició el uso del mismo para tratar ciertas enfermedades igual que con el antimonio. Con respecto a los tóxicos, fue famosa su frase que decía "... depende sólo de la dosis que un veneno sea veneno o medicamento". Preconizó la importancia de la alquimia, ciencia que estaba muy arraigada en el mundo islámico, pero que funcionó siempre al margen de la ciencia oficial. A ella se le debe la preparación de alcoholaturas y procesos tales como la destilación, sublimación y calcinación. Asimismo intentó, en vano, la transmutación de los metales innobles en oro como así también la búsqueda de la inmortalidad. 

 En 1527, según cuenta la tradición, yacía en cama víctima de una infección en una pierna Johan Froben, un respetable erudito e impresor y amigo de gente influenciable, como el gran teólogo y humanista holandés Erasmo. Los ocho médicos que le habían visitado diagnosticaron que lo mejor para su salud era amputarle la pierna afectada.  Nada tan terrible para Froben, un hombre acostumbrado a gozar de las caminatas por las montañas aledañas a Basilea. Fue así que conocida la fama de Paracelso y su arte no convencional de tratar los enfermos, lo invitan a viajar 100 kms a caballo para visitar a Froben. 
 La primer medida que tomó Paracelso al entrevistar a su paciente, fue cambiarle la cama blanda donde yacía, por un colchón de paja sobre el suelo. Le ordenó a su cocinero personal un cambio sustancial en la dieta, a base de jugos de frutas y vegetales. Le recomendó la toma de infusiones en base a hierbas medicinales y sugirió a sus familiares que diariamente lo sacaran del cuarto donde yacía y le hicieran tomar aire fresco y sol. Invitó también a un músico para que ejecutara el laúd en aquellos momentos en que Froben se sintiera angustiado o depresivo. 
  Lentamente la pierna fue mejorando y hacia el día 13 de tratamiento Froben ya caminaba asistido por un bastón en su jardín. Admirado de su mejoría, no solo en su pierna sino en su estado general, se comunicó con su amigo Erasmo y de esta manera Paracelso fue nombrado médico de la ciudad de Basilea y profesor de Medicina en la universidad de esa ciudad. 

 Paracelso fue un gran crítico del sistema de educación médica imperante en Europa, que seguía las ideas de Galeno. En la Universidad de Basilea, un día llegó a decir ante sus colegas: "... Hay más sabiduría en mis zapatos de viajero que en todos los textos de medicina actuales". Previamente a ello, había mandado quemar todos los textos médicos de Galeno. Con el correr del tiempo y debido a sus (para entonces) tratamientos misteriosos y la agresividad con la que defendía sus ideas,  se ganó la antipatía de muchos colegas,  al punto de tener que abandonar Basilea y empezar una vida ambulante de ciudad en ciudad. 
 Creyó en la idea en la cual el hombre es un ser que está unido inseparadamente con el universo y que, en su constitución, estaría compuesto por tres sustancias: mercurio, azufre y sal. Estas tres sustancias representaban el modo de comportamiento de la materia: el mercurio era lo volátil, aquello que se transformaba en humo (elemento agua); el azufre el combustible que originaba la llama (elemento fuego); y la sal representaba la resistencia al fuego, lo que quedaba de las cenizas (elemento tierra). El ordenamiento de estas tres sustancias estaba determinado por una fuerza vital interna a la cual denominó "arqueo". 
  Como ya se señaló anteriormente, Paracelso fue un gran observador de los fenómenos naturales, al punto de señalar que "... la medicina se funda en la naturaleza; la naturaleza es la medicina y solamente en aquella deben buscarla los hombres. La naturaleza es la maestra del médico, ya que ella es más antigua que él y ella existe dentro y fuera del hombre...". 
Consideró también que dentro de cada organismo existía una fuerza curativa que podía ser aislada con los elementos de la alquimia que él proponía. Estos trabajos  provocaron una fuerte división en el mundo científico, hecho que perduró durante el siglo siguiente. Paracelso murió en 1541 a la edad de 48 años, en circunstancias misteriosas  (se piensa fue mandado a matar por una conjura médica disidente con su labor). 
 Cinco años después de la muerte de Paracelso, en 1546, el colegio de Boticarios de Zaragoza publica la "Concordia Aromatoriorum  Civitatis Cesarauguste", uno de los primeros códigos de prescripciones farmacéuticas de Europa. En 1560 surge en Amberes por primera vez la palabra Farmacopea a partir de las investigaciones de Johanes Brettschneider quien escribe la obra  "Pharmacopea in Compendium Redacta". 
 Con el descubrimiento de América,  se fueron incorporando nuevas medicinas en Europa producto del conocimiento de los aborígenes. Es así que se incorpora la quina para el tratamiento de la malaria y el mercurio en el tratamiento de la sífilis. Es en 1574 donde por primera vez se describe la planta del tabaco, en la obra de Nicolás Monardes acerca de sustancias medicamentosas de origen americano. 
 El siglo XVI está enmarcado con los conocimientos aportados en el campo de la anatomía por Andrés Vesalio quien perfeccionó y profundizó los antiguos esquemas provenientes de las disecciones realizadas en la Universidad de Bolonia en el siglo XII. Incluso corrigió los escritos de anatomía de las obras de Galeno en quien se había inspirado. Como es posible analizar, la anatomía se convirtió en la única rama de la medicina con fundamento científico; de esta manera, las artes médicas se consolidaron en el estudio de la naturaleza muerta y no de la viviente. Así, las plantas quedaron como elementos del ocultismo y carentes de todo rigor científico.

17 oct 2013

Evolución histórica de la fitomedicina - Parte VI

LA FITOTERAPIA EN LA ÉPOCA MEDIEVAL

 

 En esta época, la medicina sufrió un proceso de estancamiento ya que eran muy pocos los que podían tener acceso a las obras escritas en árabe, griego y latín. Precisamente los monjes y clérigos tuvieron un papel importante en su difusión, al punto de ser considerados como médicos. En los primitivos monasterios cristianos, los monjes tenían como legado primordial (según la regla fundacional) traducir y copiar manuscritos antiguos griegos y romanos. De esta manera se pudieron conocer hasta nuestros días, las obras clásicas de Hipócrates, Galeno o Dioscórides. En esta ardua tarea tuvieron gran importancia los monjes benedictinos quienes acopiaron valiosos coonocimiento a través del desarrollo de huertos, campos y dehesas. 

 En los monasterios aparecieron los primeros jardines de hierbas medicinales, y se destacan los monasterios de St. Gallen (Francia), construído en el año 829 y el de Schaffhausen (Alemania). Este último, con el correr de los años fue tomando gran relieve, hasta ser orientado y dirigido en el siglo XVI por Leonhard Fuchs, considerado uno de los padres de la botánica. Dentro del ámbito monacal, surgieron personalidades importantes en el manejo de las hierbas medicinales, tales como el obispo de Regensburg, Alberto Magnus; el abad del monasterio de Reichenau, Walafried Strabo y el caso de una mujer, la abadesa Hildegard Von Bingen más conocida como la "Santa Hildegarda".

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) nació en Bockelheim, Alemania. Fundó el monasterio benedictino de Rupertsberg en 1147. Aunque inicialmente se dedicó a escribir poesías de tipo místico, más tarde publicó dos libros titulados Liber simplicis medicinae y Liber compositae medicina en donde realizó interesantes aportes no sólo para el conocimiento  de las hierbas medicinales, sino tambiénpara el enfoque que ha de implementarse frente al hombre enfermo, al cual hay que abordarlo desde un modo integral (cuerpo y espíritu). Así dió origen al concepto de holismo que tan en boga manifiesta la medicina naturista. 

 Los clérigos solían preparar vinos o licores con varias plantas medicinales, tarea que aún hoy continúa y que se suelen ofrecer alos visitantes de sus monasterios (por ejemplo los famosos licores monacales). Excavaciones recientes llevadas a cabo en lo que fue un hospital religioso en el siglo XI en Escocia, dan cuenta que los monjes utilizaban hierbas exóticas com la adormidera y la marihuana com analgésicos y anestésicos. 
 Es en la edad media donde comienza a titularse y oficializarsela enseñanza de la medicina, cuyas primeras reglamentacionescorresponden a ordenanzas que el rey Federico II promulgó entre 1212 y 1250 para el reino de Sicilia. No es de extrañar entonces que fuera Italia, residencia de los Papas, la que mayor cantidad de sedes con autonomía docente médica presentaba entonces. Se destacaban las de Bolonia, Reggio-Emilia, Vicenza, Arezzo, Padua y Salerno. Quizás esta última puede considerarse como la más importante ya que permitió el ingreso a estudiantes de todas la creencias (cristianos, musulmanes y judíos) y además permitió ejercer la práctica a las mujeres. 
 En Inglaterra, durante el reinado de Enrique VIII, el recientemente formado Colegio de Médicos decretó que todo aquel que tuviera conocimiento de las propiedades curativas de las plantas medicinales, podría utilizar ese conocimiento en bien de la comunidad luego de solicitar el correspondiente permiso ante ese colegio. De esta manera surgieron los primeros Herbolarios a quienes años más tarde se les "recortó" el permiso el permiso de recetar, limitándolos a la tarea exclusiva de vender plantas medicinales, dando así comienzo a las primeras farmacias. 
 Dentro de la estructura feudal de la sociedad, la atención médica dependía del estrato social del paciente. Los ricos y nobles eran atendidos por médicos de la corte, los ciudadanos medios eran atendidos a domicilio (y así surgió el inicio del médico de cabecera o familiar) y los pobres, esclavos y siervos eran recogidos (más que asisitidos) en hospitales públicos. 

15 oct 2013

Evolución histórica de la fitomedicina - Parte V

LA FITOTERAPIA EN LOS PUEBLOS ÁRABES



 Con la caída del Imperio Romano en el siglo V, el centro de la cultura (y por ende de la Medicina) se trasladó a Constantinopla y Persia en donde se cultivaron las ideas de Galeno e Hipócrates junto a las tradiciones egipcias.  Simultáneamente la tradición judaica otorgó gran importancia a la higiene como elemento preventivo de enfermedades, sobre todo infecciosas. Los hebreos, por ejemplo, utilizaban ritualmente la mirra y el incienso.  
 Al ser expulsado de Constantinopla por provocar un sismo religioso, Nestortius en el siglo V recorrió junto a sus fieles Persia, Siria y otras regiones vecinas, creando el llamado Krabadin, quizás el primer texto que puede clasificarse como farmacopea oficial, y que rigió durante siglos con varias ediciones. Muchas civilizaciones lo habían adoptado hasta el siglo XII, época en que aparecen los Antidotarios, los cuales fueron posteriormente dando origen a las primeras leyes sobre uso de drogas.
  Tanto árabes como persas agregaron como fruto de su experiencia, las propiedades terapéuticas del alcánfor, el almizcle, bórax y nuez vómica entre otras. Fueron los árabes quienes introdujeron en Europa las bases de procesos químicos extractivos tales como la destilación y sublimación. Asimismo, fueron los iniciadores de los cultivos de azafrán, caña de azúcar, arroz, algodón y algarroba. 
 La obra más importante de la época la constituye el Kitab al-Qanun o Canon de la Medicina, escrita en el siglo XI por Ibn Sina, más conocido por Avicena (980 - 1037). Esta obra estaba centrada firmemente en el conocimiento griego y dio origen al denominado método  o sistema Unani (palabra árabe que significa "de los griegos"). Fue traducida al latín en el siglo XII y de esta manera llega a Occidente para convertirse en el libro de texto básico para todas las escuelas médicas.
 También merece destacarse la obra de Ibn Baithar conocida como Kitabal Dschamial Kabu o Gran Compilación de Medicamentos y Alimentos, en donde se hace referencia de más de 1400 drogas (200 de ellas inéditas). También se puede mencionar a Ibn Córdoba, un intrépidonavegante árabe, quien un siglo antes que Avicena, había llevado la raíz de ginseng desde China a Europa. 
 Algo más tardío fue el florecimiento de la medicina en al-Andaluz  (España Islámica) que contribuyó a través de las figuras de Avenzoar (1113-1162), Averroes (1126-1198) y Albucasis a pormenorizar la sintomatología de las enfermedades del corazón y los oídos; la descripción del parásito de la sarna y las primeras descripciones de plantas regionales. La influencia islámica en el Mediterráneo llevó a crear importantes escuelas, entre las que destaca, la escuela de medicina de Córdoba (España).